miércoles, 18 de mayo de 2022

Mute Sound, 1 minute autohypnosis. Amnesia




Hace escasos días ha aparecido el último volumen de la serie 1 Minute Autohypnosis, se trata de la edición número 48 de una serie que empezó en 2008 bajo la dirección de Pedro Bericat en su sello Mute Sound quien para esta ocasión me propuso que colaborara con una pieza, lo cual me hizo gran ilusión habida cuenta del gran elenco que aglutina la serie desde el principio. Mi implicación no podía ser más oportuna, pues en los momentos de componer la pieza estaba ultimando los últimos fragmentos de un futuro lanzamiento con una gran impronta de dominio y perturbación hipnótica. La pieza titulada Influxu intenta tener un carácter mesmérico que pienso armoniza con otro tipo de influjos hipnóticos presentes en otras composiciones de este volumen, como mirarse al espejo, lamentos luciferinos, interferencias radiofónicas o arpas embrujadas.

Aprovecho la novedad esta recopilación para recordar el considerable número de ediciones que siempre han habido de grabaciones sonoras de auto hipnosis desde un punto de vista terapéutico, una imaginería hipnagógica de lo más variado donde la repetición es clave bajo los augurios de todo tipo de seres magnetizadores de lo más interesante a lo más grotesco. Curiosamente gran parte de estas grabaciones se han presentado en forma de casete, formato por el que Pedro Bericat ha tenido especial relación, solo cabe recordar esa maravilla que era su Música de Cámara para 1000 Transistores, donde se incluía la pieza Diálogo Imposible entre cinco transistores y tres fluoresecentes, una reactancia inductiva de inquietante sonoridad aún dentro de sus prácticas de radioterrorismo.

Como ocurre con otros lanzamientos de la serie 1 Minute  Autohypnosis que vienen con un reclamo, en esta ocasión se trata del concepto de amnesia. Bericat ha destacado en alguna ocasión el carácter mediumnico de un artista, un estado cercano al que me puedo encontrar ante los artilugios musicales en una especie de línea de fuga que en este caso si se puede catalogar de amnesia, pues confieso la memoria de como hice Influxu es de lo más borrosa.








Diferentes muestras de auto hipnosis, las tres últimas en el formato habitual de casete







Portada de la anterior edición de 1 minute hypnosis y dos aportaciones gráficas de Elisa Battistella y Gen Ken como ejemplo del  amplio muestrario de la serie que abarca tanto representantes del mail art como de la experimentaión sonora.


Diálogo imposible entre cinco transistores y tres fluorescentes de la casete Música de cámara para 1000 transistores de Pedro Bericat cuya trayectoria volverá seguro a protagonizar este espacio.

martes, 3 de mayo de 2022

Michael Belfer, no tears for the creatures of the night


Los fallecimientos de músicos que han marcado para mí y para mi entorno un gran significado no dejan lamentablemente de aumentar, no los voy a enumerar, pues están en la mente de todos y tienen cumplido reflejo en diferentes medios, pero sí que siguiendo la senda del músico extraviado con que empezó ente blog hace ahora más de diez años me gustaría ocuparme de Michael Belfer quien nos dejó hace apenas un mes. Por él he sentido siempre auténtica devoción desde que lo descubrí  tocando la guitarra casi a la vez con el EP No Tears de Tuxedomoon publicado en 1978 y con la recopilación Subterranean Modern publicada por Ralph Records un año después, donde incluso tiene la autoría de Waterfront Seat quizá el tema más memorable del disco con una guitarra que es tanto ultramoderna como deudora de influencias de space rock también presentes en  Chrome, otro de los cuatro grupos participantes. Aún siguiendo la trayectoria de Tuxedomoon a través del NME o el Search&Destroy me resultaba confuso como no aparecía como miembro original del grupo hasta que descubrí a través de esta última su pertencia a The Sleepers un grupo de la escena punk de San Francisco relacionados en su formación con  Crime y poco después Flipper, dos bandas más de esa ciudad que vivía un final de época tan palpitante, una belle époque punk que contagiaba todo tipo de artistas. Sin embargo esta pertenencia no le impidió volver a juntarse con Tuxedomoon para otro EP en este caso Scream with a view donde de nuevo vuelve a tener la autoría de un tema aparte de tocar el sintetizador. Poco después cuando se anuncia por fin la aparición de su primer lp Half Mute la sorpresa de no encontrarlo en los créditos, pues pese al entusiasmo de Steven Brown y Blaine L. Reininger por él querían hacer un disco más atmosférico que la instrumentación rock quizá podía invadir, de hecho tampoco participa Paul Zahl, su colaborador habitual a la batería.

Esta decisión y la marcha de Tuxedomoon a Europa le llevó de nuevo a centrarse en  Sleepers donde podía desarrollar un sonido más físico con pinceladas de art rock heredadas por su descubrimiento en plena adolescencia de bandas como Hawkwind o Neu y muy especialmente Pere Ubu cuyos primeros singles ansiaba encontrar nada más salir en Aquarius Records, un espacio emblemático de San Francisco como también lo era la sala de conciertos Mabuhay Gardens donde pudo ver un concierto de Frippertronics de su también admirado Robert Fripp, estas sonoridades de manipulación y retardo de guitarra junto al esquema de grabaciones de retorno y ecualización que aparecían en el reverso del disco Discret Music de Brian Eno tendrían una gran influencia en él desarrollándolas con un admirable estilo propio especialmente en Tuxedomoon y que motivó la llamada a participar en varias grabaciones de algunas de las formaciones más vanguardistas de la ciudad como Rhythm&Noise, Minimal Man o Beth Custer de la Club Foot Orchestra. 

El fin de la actividad de Sleepers en 1981 le lleva de nuevo a aceptar una oferta de Winston Tong para viajar a Europa y trabajar de nuevo con Tuxedomoon; sin embargo a su llegada a Bruselas se encuentra con un momento crítico de la formación que lleva a la marcha de Blaine R. Reininger quien recluta a Belfer para que colabore en su segundo disco en solitario Night Air. La intencionalidad es muy parecida a la que tuvo David Bowie al contar con Robert Fripp para su disco Heroes y el resultado es de absoluta brillantez, con su guitarra enérgica y radiante entrelazada al violín, electrónica y voz de Reininger en un ambiente de melancolía noir, todo ello ensamblado por la producción de Gareth Jones quien le dá una aura de sonoridad continental  a la que no es ajena su entonces pertenencia a los estudios Hansa de Berlín. Si embargo pese al entusiasmo de su editora Les Disques du Crépuscule y la tenacidad de Reininger y Belfer que sobrevivía sin permiso de residencia en un modestísimo apartamento cenando cada día a  base de latas, el disco no tuvo la repercusión esperada y tras participar en una gira europea decidió volver a Estados Unidos.

Su trayectoria seguiría con otras colaboraciones, alguna banda sonora y varias producciones, pero sin duda su época más recordada será sus trabajos con The Sleepers y  muy especialmente Tuxedomoon quienes de haber agrupado en un solo Lp los registros en que Belfer tocó (los eps No Tears, Scream with a View y la recopilación Subterranean Modern) hubieran convertido este en auténtico estandarte de la época, sin duda en su mejor disco sin desmerecer su posterior trayectoria. Night Air ha sido al cabo de bastantes años reconocido a través de varias reediciones que han llevado a pensar si la autoría del disco no debería haber sido compartida, así lo ha reconocido el propio Reininger. Por último, señalar que su fallecimiento prácticamente ha coincidido con la edición a cargo de Hozac Books de su libro When Can I Fly? The Sleepers, Tuxedomoon&Beyond con un extenso prólogo Jon Savage,  que  recuerda como en la entrevista a Sleepers en Search&Destroy en 1978 antes citada, Belfer se imaginaba un mundo futuro en que baratas computadoras personales domésticas llevarían a un mundo de información y entretenimiento que servirían como monitorización de entidades gubernamentales a lo que el entrevistador y director de la publicación Vale le responde que él se imagina teléfonos móviles en que puedas grabar todo en cualquier sitio. Realmente pese a sus adicciones  o quien sabe si a consecuencia de ellas este durmiente era un visionario, su guitarra reverbera en el tiempo y ante su pérdida solo nos queda recogernos como cantaba Tuxedomoon "sin lágrimas para las criaturas de la noche".

              The  Sleepers con Michael Belfer en tercer lugar. (Search&Destroy número 6)








Blaine R. Reininger, Steven Brown y Michael Belfer (Foto del libro Tuxedomoon Chronicles, music for vagabunds)

                                       Tuxedomoon en 1979 con Michael Belfer a la izquierda

                                              Reininger y Belfer en la gira de Night Air

Rhythm&Noise, una de las destacadas colaboraciones de Michael Belfer tras la vuelta  a San Francisco










martes, 19 de abril de 2022

Dial Discos, mezcolanza insólita de un sello español en los años setenta



En la anterior entrada dedicada a Eduardo Polonio mencionaba el reportaje y entrevista que la revista Disco Expres dedicaba a Música Electrónica Libre, en la que él menciona que antes de que el disco fuera editado por Gong Movieplay surgió el interés del sello discográfico Diresa. Al repasar su catálogo me ha sorprendido lo disparatado de sus lanzamientos que abarcaban desde Jorge Cafrune a Impala Syndrome que sería lo más cercano que podría estar su disco It. Esta variopinta edición de discos que abarca estilos tan dispares como música folklórica, rock psicodélico, música orquestal, pop melódico, canto gregoriano, jazz, disco, canción protesta, comicidad, efectos de sonido y bandas sonoras, por citar solo algunos, sería típico en muchos sellos españoles de los años setenta, un auténtico cocktail de intérpretes, grupos y orquestas perdidos en el tiempo cuyas sendas en más de ocasión nos llevaría a emocionantes encuentros que en ocasiones incluso se adentran en el universo del "schlager".

Uno de los sellos más representativos de esta mezcolanza editorial sería Dial Discos a través de un montón de sub sellos que a la vez se dispersan en otros tantos destacando en especial Nevada. El primer lanzamiento que vi del sello fue el disco Los Grandes Éxitos de Los Sex Pistols por Los Punk Rockers, cuando llegó como novedad a la tienda de Gay&Co no daba crédito primero a la portada y ya no digamos al oírlo, sin duda una de las grabaciones más psicotrónicas que ha dado este país y que posteriormente la encontré en casete en el aparador de una gasolinera, de hecho este era su formato original. Estas ediciones de versiones se pagaban a formaciones muchas veces anónimas para eludir obtener licencias de los lanzamientos originales y entre los innumerables ejemplos podemos encontrar hasta una dedicada a Tangerine Dream.

Entre todo el catálogo del Dial se pueden encontrar discos muy valorados hoy en día como son tres ejemplos de la Comunidad Valenciana, Doble Zero y su disco Abre la mente, Cotó-En-Pèl con Holacaust o los alicantinos Costa Blanca responsables del cotizado Viaje a Prantía, un disco distribuido por los ingleses Ultima Thule que junto a otras reediciones de sellos como Wah Wah o Guerssen muestra el interés por estos grupos cuyo ensamblaje a este tipo de sellos con lanzamientos tan variados lo era también al compartir escenarios con gente de lo más dispar, como por ejemplo en el caso de los antes citados la Orquesta Mondragón o Neuronium. Pese a que en los últimos años ha sido creciente la fusión de estilos, sin embargo a nivel editorial es mucho más inusual en la actualidad encontrar este tipo de línea tan abierta de estos sellos españoles de los años setenta.

Uno de los discos grabados por Antonio Gracia José (Pierrot), cineasta, dibujante y escritor cuyos trabajos se podían seguir en la revista Terror Fantastic.







Tres ediciones de casetes con descaradas versiones, la de Oxigeno no es de Dial sino de otro sello similar como era Olympo, vale la pena apreciar el desacomplejado repertorio que vá de Jean Michael Jarre a The Adverts.

miércoles, 6 de abril de 2022

Edición del libro Eduardo Polonio, del serialismo al multimedia. Un subvolver exorbitante

Difícil olvidar la primera vez que escuché algo de Eduardo Polonio, fue en el programa de Radio Nacional de España Para Vosotros Jóvenes en 1975 cuando su director Carlos Tena presentó el disco It de Música Electrónica Libre, duo compuesto junto a Horacio Vaggione que había publicado este disco en el sello Movieplay-Gong especializado en eso que se llamó rock progresivo con raíces, toda una experiencia oír estas dinámicas repetitivas en el espectro radiofónico a la hora de la merienda.  No hacía mucho que la música electrónica había calado en mí a través del Radioactivity de Kraftwerk, pero pensar que este tipo de sonoridades podían surgir de este país para mí era inaudito. Este interés se acrecentó con la entrevista de dos páginas que poco después les hizo en Disco Express Antonio de Miguel, autor del libro sobre Rock Alemán en la que da cuenta de sus años anteriores que incluyen una actuación del duo en los Encuentros de Pamplona, sus experiencias en el Laboratorio Alea de Madrid y el Grupo Koan o su participación en el estreno europeo de In C de Terry Riley, todo ello un auténtico milagro en la España franquista. Dos años más tarde lo conocí en la tienda Gay&Co colgando un cartel de su actuación en la Galería Matisse y un poco después visité junto a Víctor Nubla su casa estudio en Poble Nou, donde me quedé maravillado de ver todos sus artilugios electrónicos.

La compositora Maria de Alvear guarda también una impronta personal de Eduardo Polonio cuando a sus 9 años asistió en Madrid a uno de sus conciertos gracias al ambiente artístico en que creció, años más tarde lo tendría como profesor antes de tu traslado a la ciudad de Colonia y ya en el ámbito de editora de arte sonoro como Maria de Alvear World Edition contaría de nuevo con él a través del disco Proprio Motu. Más recientemente, en concreto el año pasado, la aparición del libro Eduardo Polonio, del serialismo al multimedia, un recorrido a través de toda su obra desde su primera obra para la banda sonora de Che Che Che en la faceta de anticine de Javier Aguirre hasta sus últimas composiciones electroacústicas que también se pueden oír en el cd que acompaña este libro que cuenta con varias semblanzas además de recuerdos y reflexiones del propio Polonio llenas de sabiduría y naturalidad. Mención especial a toda la documentación gráfica de sus anotaciones musicales de sugerentes gráficas tanto de estructuras rigurosas como abiertas.

La edición del libro se hizo coincidir con la celebración de sus ochenta años, una edad que lleva con brío, le sientan bien las tierras onubenses, habida cuenta de los temas del cd del libro que tanto pueden ser apreciados en el ámbito del arte sonoro de esta edición como podrían estar en sellos más abiertos estilísticamente de experimentación electrónica, un caso muy parecido al que ocurre con Beatriz Ferreyra; esto no es nada nuevo habida cuenta de sus registros en sellos como Geometrik, Nuevos Medios, Luscinia, La Olla Express o festivales como Experimentaclub, LEM o Morada Sónica. Como bien señala, su carrera como compositor es pareja a la música electroacústica en España, pero los acercamientos a este tipo de editoras le ha hecho contar con un número de lanzamientos bastante mayor a los habituales de los círculos de música contemporánea, todo ello ayudado por sus acercamientos al minimalismo al que llegó de una forma intuitiva y autodidacta. Su itinerario ha alternado estas tonalidades con otras más poliédricas surgidas del azar o por la matemática unida a la computación o al universo, Turing y Kepler personajes homenajeados y referenciados por el músico en algunos de sus trabajos que el lector podrá apreciar con más detalle en este gratificante libro.

Autodidaktische Phantasie und Fugue, Madrid 1969

                                                                         Umania, 1996


Rafael Santamaría y Eduardo Polonio. Dempeus Assegut Agenollat 1981, partitura de la acción en  el Espai 10 de la Fundació Joan Miró.


Eduardo Polonio recreando el instrumento "chapeau-chinois" en homenaje a Villiers de L'Isle-Adam

                                 Uno es el cubo, basado en la vida y obra de Johannes Kepler






Eduardo Polonio junto al EMS synthi 100 recientemente restaurado del Laboratorio de Música Electroacústica de Cuenca. Foto de Santiago Torralba, colaborador en varios de sus proyectos como el siguiente vídeo Segundo naufragio, tema incluido en el cd que acompaña el libro.


martes, 22 de marzo de 2022

Perímetro de exclusión al océano pensante de Solaris



En el teatro de operaciones de todos los conflictos bélicos desaparece la razón y la verdad y la actual guerra de Ucrania no podía quedar al margen. Nada más comenzar el conflicto diferentes organismos europeos han decidido anular diferentes actos que tenga que ver con la cultura rusa, cancelación de varios auditorios a compositores rusos en el repertorio o en el terreno cinematográfico la European Film Academy ha aprobado diferentes tipos de sanciones que parecen haber influido en una de las decisiones más lamentables como ha sido retirada de programación de la película Solaris de Andrei Tarkovski por parte de la Filmoteca de Andalucía en el aniversario del nacimiento de Stanislav Lem, anacrónica medida acentuada aun más por el hecho que decidieron cambiarla por la versión norteamericana de 2002 dirigida por Steven Soderbergh argumentando su decisión de que no lo hubieran hecho de saber que los derechos de exhibición fueran para los herederos del cineasta ruso; en consecuencia estos irán a la productora Lightstorm Entertainment, colaborando en alguna medida al tutelaje del cine norteamericano en Europa.

Lejos del total agrado, Tarkovski tuvo siempre una relación tensa con las autoridades soviéticas que le llevaron a casi un exilio temporal a Italia y Suecia. Solaris si que pudo rodarse en su país con un elenco de actores provenientes de varios enclaves de la entonces Unión Soviética: Donatas Banionis (Kelvin) lituano, Nikolai Grinko (padre) ucraniano y Natalya Bondarchuk (esposa) rusa, igualmente sintomático es que Leópolis (Lviv) el lugar de nacimiento de Stanislav Lem haya sido una ciudad perteneciente a Polonia, Unión Soviética y Ucrania. Las relaciones del escritor y el director no fueron las mejores y estas se acentuaron tras la exhibición del film en el que los abismos siderales de Lem eran reconducidos a un espacio más metafísico que de ciencia ficción, océanos pensantes con toques de futurismo psicodélico soviético que derivaron en varios de los carteles de la película que cuenta sin embargo para mí como escena más inolvidable los cuatro minutos del piloto espacial Barton conduciendo por una moderna urbe, concretamente a las afueras de Tokyo, todo ello bajo un hipnótico diseño de sonido.

Solaris sería una de las tres colaboraciones de Andrei Tarkovski con el compositor de música electrónica Eduard Artemiev junto a Stalker y Mirror. El director siempre ha sido muy minucioso en cuanto a la utilización del sonido y refiriéndose a esta última nos cuenta en su libro Esculpiendo el tiempo: "Queríamos que sonara como un eco lejano, como lamentos y ruidos extraterrestres, expresando un sucedáneo de la realidad y a la vez estados anímicos concretos, con sonidos que reprodujeran con mucha exactitud el sonido de la vida interior. La música electrónica desaparece exactamente en el momento en que comenzamos a percibirla, a comprender como se ha estructurado. Artemiev consigue los sonidos por vías complejas. Había que eliminar de la música electrónica todas las características de su origen experimental y artificial para poder experimentarla como un sonido orgánico del mundo".

El barrido del carácter o género experimental de la música electrónica en su utilización cinematográfica que plantea Tarkovski ha cobrado protagonismo en varias películas recientes de "tierras paralelas" deudoras de Solaris. El film  también vislumbra una noticia aparecida esta misma semana en relación con el descubrimiento de unos investigadores canadienses acerca de que el universo puede tener un gemelo que va más atrás en el tiempo, un universo espejo o antiuniverso que haga de equilibrio al nuestro.












                                                      Andrei Tarkovski durante el rodaje

                                                                   Eduard Artemiev



                                                   Carteles originales de la película




Eduard Artemiev - Ocean