lunes, 8 de octubre de 2018

Stanley Lunetta entre orquestas y esculturas electrónicas





Me llama poderosamente la atención que en los últimos años se ha prestado al llamado "circuit bending"a través de cursos o por diseños espontáneos de creadores más interesados en la propia mecánica del componente que por las posibilidades sonoras y aún menos de posibles registros. La primera vez que oí el término fue a través de Reed Ghazala, sus artefactos constituían una tecnología extravagante e ilógica de apariencia alienígena en la California de mitad de los sesenta; a él se le ha concedido la invención del término "circuit bendig" aunque en la misma época y en la misma zona uno de sus habitantes practicaba parecidos experimentos, su nombre es casi espacial, Stanley Lunetta.

Con orígenes como batería en la música orquestal de baile, Lunetta evolucionó a terrenos de jazz e improvisación con la New Musical Ensemble hasta que su interés por la electrónica se fraguó simultaneando clases de Stockhausen o John Cage con una invención propia de instrumentos o mejor llamarlos esculturas electrónicas a base de resistencias, condensadores y transistores  tranformándose en osciladores y moduladores de anillo. Todo ello se plasmó en el grupo Amra/Arma, interrelacionado con miembros del San Francisco Tape Music Center y con actuaciones en eventos tan destacados como el ICES 72 (International Carnaval of Experimetal Sounds) celebrado en Londres.





    Source, revista surgida en Sacramento entre 1967 y 1973 con Stanley Lunetta como co-editor


                                         


Diferentes artefactos sonoros creados por Stanley Lunetta con clara influencia en la literatura de ciencia ficción y en especial Michael Moorcock.


Arriba Stanley Lunetta tocando en sus principios en algun club de Broadway y una de sus últimas fotos con su cubo electrónico antes de fallecer en 2016.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Marcel Pey - Ensagnant les nostres imatges




En el año 1982 recorro la excelente muestra que sobre libros de artista tuvo lugar en la Biblioteca Nacional de Madrid, lo hago con Francisco Felipe quien tiene su obra Der Kizlerbändeiger" allí expuesta, 34 fichas de ordenador manipuladas y atadas con cordel, no muy lejos de esta aparece la carátula impactante y ultramoderna de un disco que no contiene ningún vinilo en su interior, su autor Marcel Pey y su título Alone, una estética que bien podría casar con los grupos más transgresores barceloneses del año 1978 en que fue hecha la obra y que sin embargo apenas dejaron ningún disco editado, curiosa paradoja. Pey sustituye el libro de artista por el disco de artista en una recreación personal heredera de Velvet Undergound y coetáneo a Suicide o a filmes como Leo es Pardo de Ivan Zulueta o Nomad de Ignacio Julià; el narcisismo como elemento autodestructivo.

Quien quiera indagar más en la obra de Marcel Pey tiene una buena oportunidad en la exposición The Burning Blade en la Sala Tinglado 2 de Tarragona, fotografías, rótulos de neón, polaroids y filmes de un artista cuya trayectoria se remonta a 1971 con The Blind Machine, desde entonces una profusa actividad marcada por una sofisticación decadentista tamizada por el cine y la cultura rock.









martes, 11 de septiembre de 2018

El brutalismo orgánico de Las Torres Blancas

                                                          Foto, Jose Manuel Morcillo

En casi el mismo día dos flashes de brutalismo arquitectónico, un artículo sobre la exposición Toward a Concrete Utopia en el MoMA basada en la aquitectura brutalista de Yugoslavia y por la noche aparece en la película de Antonio Isasi Isasmendi Un Verano para Matar escenas en el edificio más acorde que tenemos en España con esa estética como son Las Torres Blancas del arquitecto Javier Sáenz de Oiza. Construido en Madrid entre 1964 y 1969 lo primero que llama la atención es que su nombre no tenga nada que ver con un único edificio que además es grisáceo.

Una auténtica anormalidad para el oficialismo franquista de la época, un edifico que en palabras del propio Sáenz de Oiza agrede al paisaje aún teniendo como objetivo una armonía con la naturaleza a través de una morfología curvilínea descartando cualquier esquina. Un espíritu provocador que alternaría los habitantes progresistas y burgueses, pilotos de aviación, escritores, arquitectos y modelos que podrían disfrutar de zonas comunitarias como la piscina situada encima de veintidosavo piso o de su restaurante inferior que servía monoplatos a través del interfono. Un espacio metaorgánico.






                                                                    Foto. Paco Gómez

       Portal de entrada con el el propio Sáenz de Oiza, diseñado tras sufrir un dolor de muelas

                                                                     Escalera interior


                                                            Terraza superior y piscina

          
               Dibujos y planos previos del edificio que el propio arquitecto comparaba a pentagramas

                                               

                                          Recreaciones a cargo de Raúl Lázaro y Jordi Gart



Fotos de Fuente Helio y Ferfoto, esta última parte como base a la posible influencia del edificio en la ambientación de Blade Runner 2049, de clara inspiración brutalista. Quien sí tomo el edificio directamente como escenario es Jim Jarmusch en su film "The limits of the control", las siguientes fotos son un ejemplo de ello. Para acabar dos temas de la banda sonora a cargo de Boris y Sun O)))






   



miércoles, 29 de agosto de 2018

Víctor Nubla La ciencia a la luz del misterio



Tras adquirir una silla de playa descubro por primera vez el placer de leer en ella pegado a la orilla. El día declina en la antesala de la lluvia de estrellas de las Perseidas pero aún tengo luz suficiente para comenzar el último libro de Víctor Nubla "La ciencia a la luz del misterio" en cuyas primeras líneas ante el deleite de una contemplación del firmamento estrellado constata que no hay tiempo real, una experiencia concomitante con el título del libro en que la ciencia afortunadamente no tiene como objetivo curarnos del misterio, sino vivificarla a través de la observación, revelación y pensamiento del autor.

A través simplemente de una velada con invitados, Víctor propone en la experiencia de la escucha musical un balance de documentación y exaltación narrativa. Significa que en ella podemos viajar en el tiempo trazando cartografías sonoras ambientadas por Archie Shepp, Frederic Mompou o Gavin Bryars, discos de referencia en que los mecanismos cerebrales subyacen en la emoción y el recuerdo, idóneos para sus invitados. Sin embargo previamente mientras prepara un marmitako sus pensamientos se dirigen a la posibilidad de la existencia de sonidos accidentales algo que es corroborado con el invento del fonoautógrafo de Scott de Martinville, un poco similar al posterior de Edison pero con la particularidad de poder recoger la vibración del sonido y plasmarlo en un papel tintado. Otros ejemplos de sonidos aún más primigenios podían encontrarse en la rotación de las vasijas de barro investigado con aínco los últimos años en el campo de la arqueoacústica.



           El fonoautógrafo de de Scott de Martinville, patentado en 1857 y dos de sus grabados



Frederic Mompou Música  Callada



Au Claire de la Lune, primara grabación registrada en 1860.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Comprando el New Musical Express


                         Mis dos primeros ejemplares del New Musical Express, Octubre 1977

Hace pocos meses que el semanario New Musical Express ha dejado de editarse en papel después de una larga trayectoria que se remonta a su creación en 1952. Desde entonces siempre tuvo una feroz competencia con el Melody Maker hasta que en la mitad de los setenta se tuvo el acierto de incluir nuevos periodistas de la prensa underground como Nick Kent, Charles Shaar Murray o Mick Farren, ellos eran excelentes oteadores del tránsito del glam al punk o de las mutaciones del rock progresivo, aunqué quizá el momento más álgido coincidiría con el post punk de los últimos setenta con firmas como Paul Morley o Ian Penman, cuyas crónicas podían derivar hacia otras comparativas artísiticas rozando en algunas ocasiones el ensayo literario. La experimentación electrónica estaba cubierta por Andy Gill o Chris Bohn, este último tuvo además un inusitado interés en aquellos tiempos en explorar toda la música que se estaba generando en la Europa continental incluyendo los países del este. Todo ello hace del periódico un testigo de una altísimo voltaje musical lleno de riesgo (Mark Stewart de Pop Group protagoniza una portada entera sin haber todavía haber registrado ningún disco) y modernidad, a lo que no es ajeno los diseños de Berney Bubbles, con un punto focal en la llegada inminente de 1980, principio de una nueva década que paradojicamenre relegaría a muchos de sus colaboradores a otras publicaciones.

Al revisar mi primer ejemplar del New Musical Express me lo encuentro hecho trizas pues recorté un montón de fotos para forrar mi carpeta del instituto. Lo compré en octubre de 1977 en la Librería Francesa de Barcelona, el precio 60 pesetas, con el solía bajar por el Paseo de Gracia y bien podía ojearlo en la librería Kansas, en el drugstore o el alguna sesión del cine Publi, todos estos lugares han desaparecido. Más tarde lo comrpraba en el primer kiosco de las Ramblas y por último ocasionalmente en la tienda de Star Records en la calle Pau Claris.















Dos extras inolvidables del NME: The Book of the Modern Music y la casette C 81 que incluía su tema Kebab Traume grabado en directo en el Electric Ballroom, 1980; como singularidad la guitarra apabullante de Wolfgang Spelmanns.