sábado, 14 de octubre de 2017

El parpadeo vibratorio de Blanca Rego



Confieso que conocía más a Blanca Rego por sus colaboraciones en Mediateletipos, donde destacaban muchos textos suyos acerca de las experimentaciones conjuntas de imágen y sonido que han tenido lugar en diferentes épocas, poco después sin embargo descubrí su amplísimo espectro creativo mostrado principalmente en la red desde su descubrimiento a finales de los noventa del "noise" y el cine estructuralista, siendo Arnulf Rainer de Peter Kubelka su máxima influencia aunque también podemos encontrar paralelismos con The Flicker de Tony Conrad o incluso el cromatismo estroboscópico de Javier Aguirre.

Es esencial en reconocerer en el trabajo de Blanca que esa relación de imágen y sonido se produce en el mismo plano y no como complemento el uno del otro como muchas veces adolecen algunas prácticas fílmicas o musicales incluso de apariencia radical. Su resultado, un sonido con tiembres amplificados que no solo es percibido por las orejas sino por todo el cuerpo cuya máxima efectividad tendría lugar en salas cinematográficas con buenos equipos de sonido.

Para otra ocasión dejo su faceta de ejecutora sonora bajo el seudónimo de _Blank, una consecuencia de su pasión por el ruído aunque tamizado por variaciones de valocidad de loops que bien podían recordarnos el primer minimalismo norteamericano. Su última grabación de este mismo año The night has a thousand noises lo puedes escuchar aquí junto a otros registros anteriores.

 










                                            Diferentes trabajos musicales de Blanca Rego

lunes, 25 de septiembre de 2017

Un desconcertante Waldo de los Ríos




Quizás a más de una persona que sigue este blog le puede parecer excesivo que después de recordar la figura de Holger Czukay me ocupe a continuación de un músico tan denostado en muchos ambientes como es Waldo de los Ríos, pues bien ambos tienen un inesperado nexo en común, la figura de Karlheinz Stockhausen y la ciudad de Colonia a la cual se dirigió el compositor argentino para asistir a las clases del centro que el dirigía a principios de los sesenta después de haber recalado en el mundo de la música ligera orquestal en Estados Unidos. Este hecho lo podemos saber por el libro Amar a un maldito escrito por su pareja, la actriz y periodista uruguaya Isabel Pisano quien nos comenta este primer contacto con sintetizadores, mesas de mezclas y la adquisición de su primer magnetófono Uher con el que grababa absolutamente todo, hasta las bocinas de los coches de las calles. El problema está, que del a veces restrictivo mundo académico de esas clases, a Holger Ckukay le alejó Michael Karoli hacia el mundo del rock y a Waldo de los Ríos alguien diametralmente opuesto como su paisano Alberto Cortez quién le recomendó se instalara en España donde desarrollaría su faceta como pianista, compositor y arreglista en una línea que todo el mundo conoce aunque esta carencia con los sonidos electrónicos se puede ver en su inclusión con el grupo The Waldos o en sus disco de 1966 España Electrodinámica .

El libro de Isabel Pisano corrobora la personalidad compleja y oculta que muchos años antes me desveló alguien del mundo de la distribución musical cuando trabajaba en la tienda de discos Gay&Co, lo que más me impactó de lo que me dijo era su gusto por los potentes coches deportivos entre los que destaca un exclusivo Lamborghini Jarama donde tenía instalado un grabador de ocho pistas en el salpicadero. Con este coche no podía pasar desapercibido cuando se dirigía a toda velocidad a su chalet cercano al aeropuerto de Barajas donde le esperaba su perro Pampero, su mayor apoyo ante una creciente depresión marcada en parte por las cada vez frecuentes ausencias de su pareja que cada vez pasaba más tiempo en Roma desde que trabajó con Federico Fellini y a los encargos musicales muchas veces ridículos, aunque también tuvo de más interesantes como las series televisivas Es usted el asesino, Historias para no dormir o las películas de Narciso Ibañez Serrador La Residencia o Quien puede matar a un niño. Sin embargo quizás con el trabajo que pudo haberse consagrado hubiera sido el encargo de Stanley Kubrick quien pensó en él como compositor de Clockwork Orange, creía que era el compositor ideal para conjuntar la música de Beethoven a través de un moog; tras meditarlo, su poca soltura con este sintetizador le llevó a declinar la oferta en favor de Walter Carlos. La carta de ofrecimiento de Kubrick luciría siempre enmarcada en su casa hasta que en 1977 ante una nueva escalada de desilusión decidiera suicidarse con una escopeta de caza, trágica elección para un amante incondicional de los animales y un final que ha dado lugar a muchas especulaciones.






Discos deTucky Buzzard (escuchar debajo) y Los Brincos en que Waldo de los Rios aparece como arreglista

                   Waldo de los Ríos y su Lamborghini Jarama equipado con un grabador de 8 pistas


                                                                   Waldo e Isabel Pisano





Arriba: You're all alone del grupo británico Tucky Buzzard de su disco Coming on again editado en Madrid en 1971 en una de sus estancias temporales y que cuenta con los arreglos de Waldo de los Ríos.
Abajo: Música compuesta para el capítulo 23 de la serie de Narciso Ibañez Serrador Historias para no dormir, Televisión Española 1967.


viernes, 15 de septiembre de 2017

Movies, Holger Czukay desde el éter radiofónico



Los obituarios musicales nos siguen ofreciendo dolorosas despedidas como ha sido en la semana pasada la de Holger Czukay, su música y muy especialmente el lp Movies era un habitual en muchas reuniones de amigos y el entusiasmo a sus temas era unánime. Así se lo hice saber a él mismo tras la conferencia video performance que ofreció en el primer Sonar de 1994, en la salida del CCCB, acompañado de Arturo Lanz, le mostramos esta admiración que hicimos extensivo también a su disco de Les Vampyrettes, su reacción fue de sorpresa al indicarle ese disco y aún mayor al detallarle que mi amigo era parte del grupo Esplendor Geométrico a cuyo concierto acudió el día anterior.

Mayo de 1977, acudo al Pabellón Joventut de Badalona para ver el concierto conjunto de Amon Düül y Can, nada más empezar a tocar estos últimos reparo en que Holger Ckukay no está entre ellos, me encuentro asistiendo al triste evento del primer concierto sin él después de once años de trayectoria (el último fue unos días antes en Génova) y he de confesar que su sustitución por Rosko Gee no era para mí muy alentadora. Tiempo después supe, que aún en Can, intentó reemplazar el bajo como instrumento por intervenciones de señales de grabaciones de radio y de cinta (ver vídeo debajo), una incursión efímera que sin embargo se intensificó marcando lo que serían las primeras grabaciones que luego darían lugar a su disco de 1979 Movies.

Las grabaciones de este disco tienen una resultante casi de edición fílmica, de ahí quizá el nombre del disco, su procedencia es variopinta: Radio Luxembourg, Radio France y una radio soviética en Cool in the pool, extractos del disco de Can Landed en Oh lord, give us more money, una poetisa iraní captada de la onda corta en Persian Love y Diana Ross entre otros en Hollywood Symphonie. Czukay se manifiesta como un verdadero mago del estudio, altamente intuitivo reconduce lo inesperado, efectuando todo este trabajo en el Inner Sudio de Can y mezclando por la noche en el estudio de Conny Plank después que durante el día hubiera sido ocupado por Devo y Ultravox. En la recta final de gestación del disco corrobora que su máximo interés está en el después de haber tocado o grabado y en la sencillez de medios, prefiere un dictáfono a un fairlight al igual que simplifica al máximo sus vídeos caseros en que la imagen está protagonizada únicamente por su entrañable gestualización.



Holger Czukay y Conny Plank


Dictáfono IBM


                                    Can en la televisión alemana durante 1977

martes, 5 de septiembre de 2017

Javier Hernando / Adrià Bofarull - A maelstrom walk



Poco después que Adrià Bofarull me propusiera este trabajo comencé a pensar un posible vínculo de desarrollo. Sabiendo que compartiámos filiación "pynchoniana" una posible área de exploración serían los mundos laberínticos, entendiendo estos no solo como construcción arquitectónica sino también como zonas fantasmales y mutantes donde uno puede saber donde ir pero no saber como orientarse. Me encantan los mapas y la toponimia que te puedes encontrar en ellos, Azucena de Yngunza autora de la portada, es una experta en su etimología y también una iniciada en el laberinto como metáfora de lectura e inconsciente colectivo y nos aportó varios libros al respecto. A ellos hemos sumado extractos de Jorge Luis Borges, Francesco Careri o este claramente inspiracional de Jacques Derrida:

"Tímpano, dionisia, laberinto, hijos de Ariadna. Recorreremos ahora (de pie, andando, danzando), comprendidos y envueltos para no salir jamás , la forma de un oído construido alrededor de una presa, girando alrededor de su pared interna, una ciudad, pues (laberinto, canales semicirculares - se nos previene de que las barandas no se mantienen) enrrollada como un caracol alrededor de una compuerta, de un dique y tendida hacia el mar: cerrada sobre ella misma y abierta sobre la vía del mar. Llena y vacía de su agua, la anamnesis de la caracola resuena sobre una playa"

Ante el colapso de la urbe o la naturaleza caótica, al oyente le podemos sugerir una deriva musical en que perciba escondrijos para reorientarse o quien sabe para perderse y errabundear definitivamente.

A maelstrom walk ha sido publicado por el sello República Ibérica Ruidista dirigido por Sergio Sánchez.

Guy Debord In girum imus nocte et consumir igni

Constant y su laberinto en la ciudad suspendida en el aire

Despacho de María Zambrano. A ella debemos El canto del laberinto

martes, 22 de agosto de 2017

Peter Handke, jukebox de espacios vacíos




Cuando atravieso España en coche a través de espacios enormes donde apenas hay nada, pienso en Peter Handke y lo mucho que le atrae esta circunstancia hasta tal punto que en un extravío absoluto como viajero recaló en varios lugares entre 1988 y 1990 como Linares donde escribió" Ensayo sobre el cansancio" y en Soria "Ensayo sobre el jukebox", otros puntos de su devenir se sitúan por ejemplo en Gredos, Yuste, Las Tablas de Daimiel o Llivia. El propio autor apunta que escribir es un viaje nocturno durante el cual las palabras, las frases y los párrafos producen luz.

En mis años más jóvenes su libro Cuando desear todavía era útil publicado en 1978 por Tusquets en su colección Marginales me atraía tanto en los entornos de sus textos como las fotografías efectuadas por el mismo incluidas en el libro, monocromías en espacios vacíos difuminados que parecían encerrar secretos tecnológicos. El otro gran descubrimiento será su melodía del lenguaje, una musicalidad, que como el apunta, nace con tristeza y añoranza.






 


¡Cuán agudo chirriaba
el aire!
Y entonces
de pronto
muy cerca de la ventana
entre el clamor de los pájaros un silbido grave
una melodía de juke-box
¡Un hombre! pensé
deletreándolo de miedo mortal
y me retorcí abrasándome
sin moverme
!Aquel fantasmagórico monstruo 
que debe ser asesinado
a la luz deshabitada del alba...!
Bocanadas de miedo ascendían
por la escalera del sótano
y el hombre razonable que hay en mí
escuchó: 
la melodía se repetía
se repetía
"ningún pájaro canta tan monótono
lo inmatérico pretende burlarse de mí
ríe sarcástico
con labios negros como el carbón"
pensé yo
La luz al parpadear tenía el color de la época
en que todavía creía en el infierno
y el monstruo pifiante agitaba 
en silencio las muñecas frente a la ventana.
(Als das Wünschen noch geholfen hat. 1974)








El SIMPOSIO SOBRE RUIDO Y RUIDOS, más o menos molestos, iba a tener lugar en un centro de congresos, en la estepa española, al pie del cerro circular sobre el que, en la época prerromana, había estado Numancia. Por lo demás, en los alrededores, ninguna población, sólo tres casas de campo abandonadas desde hacía tiempo. La carretera que llevaba al centro era una simple pista para jeeps. Luego ni rastro de un "centro". (...)

Una vez más estaban también de acuerdo en que, por las razones que fuera, el ruido más suave podía asaltarle a uno como si fuera una turbamulta, y en que, a veces, incluso el silencio podía hincharse hasta convertirse en un tumulto del cual uno quisiera huir para refugiarse en un estrépito real. Del mismo modo como uno podría librarse de determinadas imágenes, incluso después de estar lejos de ellas en el tiempo y en el espacio, lo mismo ocurría que uno había vivido como algo maligno y hostil; una vez enmudecido en el exterior, el ruido que uno había vivido como algo desagradable y hostil seguía resonando por dentro. Uno ya no realizaba el silencio. El barullo que había durado todo el día seguía zumbando por la noche en sueños. El chirriar de metal contra metal le perseguía a uno metiéndose en el desierto. "El traqueteo, los chillidos, las explosiones, los canturreos, el griterío no cesa", cantaba el músico ambulante, "un absoluto deficiente auditivo"-éstas eran sus palabras en la fiesta de despedida, la noche del tercer día-,"el ruido se come mi amor"
(La noche del Morava)

jueves, 10 de agosto de 2017

Los rubescentes estrépitos de La Criolla



                                      Interior de La Criolla. Foto: Gabriel Casas i Galobardes


Cuando la Sala Moog abrió las puertas en 1996 pocos de sus nuevos clientes parecían saber que en ese mismo enclave de Barcelona estuvo durante casi nueve décadas la sala de fiestas y tablao flamenco Villa Rosa, los asiduos del local llegaban a él atravesando poco antes el Arc del Teatre, antesala del Barrio Chino y entre ellos un captador de los bajos fondos como Marc Almond o Amanda Lear en pasadas transformaciones. Aún más costaría imaginar a los nuevos asiduos del club que sesenta años antes a escasa distancia La Criolla iba a marcar una trangresión de desenfreno nocturno que también incluía una eufórica ambientación musical como nos narra Paco Villar en su libro sobre La Criolla:

"Tanto en su escenografía como en su funcionamiento, La Criolla presentaba elementos novedosos que la distinguían de cualquier otro local. Los bajos de una antigua fábrica, decorados con escenas tropicales estridentes y llamativas, ya constituía por sí toda una declaración de intenciones y más todavía si se anunciaba con un enorme rótulo alumbrado con luz de neón que teñía toda la callle del Cid de un tono rojizo. Ni se tocaba ni se bailaba como en los demás sitios. Una orquestina interpretaba las melodías más en boga del momento, entre ellas tangos y jazz, pero de forma más estridente y sobre todo más rápida de lo normal. Y unos bailarines ansiosos por moverse llenaban una pista central iluminada con focos y combinaciones de luces de colores que distorsionaban la realidad. La orquesta se alternaba con una gramola eléctrica conectada a unos potentes altavoces, por lo que puede ser considerado el primer establecimiento de Barcelona donde se bailó con discos y, por tanto un claro precedente de las discotecas. La Criolla irradiaba modernidad.

En este excelente libro de Paco Villar recogen multitud de crónicas que reflejan el cosmopolitismo nocturno del lugar entre las que no pueden faltar las de Sebastià Gasch pero en esta ocasión recojo una del periodista Josep María Planes que hace  hincapié como la anterior en el aspecto musical:

"Un pequeño estrado da cobijo a la orquesta y la protege de las olas que forma el mar enfurecido de la clientela. Esta orquesta toca la música más estruendosa que hemos oído en nuestra vida; cuando la trompeta y el corneta se dicen "ahora viene la mía", hasta las palmeras tiemblan y las botellas del mostrador hacen tring tring. Cuando los músicos se detienen, la mecánica que hay escondida detrás de la pared de enfrente empieza a hacer de las suyas, Parece que hay instalado un aparato de esos que llaman "Parlophone". El hecho es que por dos agujeros protegidos por una tela metálica se oye una música literalmente monstruosa: discos de gramófono con el sonido ampliado hasta el infinito. La voz de Irusta por ejemplo, una vez pasada por toda aquella complicación eléctrica adquiere las proporciones de algo de otro mundo".

Tanto La Criolla cuya actividad comenzó en 1926 como el cercano Cal Sagristá evocaban un ambiente habitual de los bajos fondos de muchos puertos especialmente mediterráneos como Marsella, llenos de marineros, delincuentes y prostitutas, huidos de la justicia o personajes anárquicos y absolutamente transgresores para la época como el llamado Flor de Otoño. Un ambiente plasmado por visitantes y habitantes ocasionales de la zona como Pierre Mac Orlan en "La tradition de minuit", Jean Genet en "Diario de un ladrón" o George Bataille a través de "El azul del cielo". Desde otra óptica Josep María de Segarra en su obra Vida Privada nos narra un hecho habitual como eran las visitas curiosas de la alta burguesía a estos lugares que consideraban pintorescos e inquietantes, no olvidemos que el Liceo estaba muy próximo, he aquí un expresionista párrafo extraído de nuevo del libro La Criolla, la puerta dorada del barrio chino de Paco Villar:

"En un momento dado cambió la luz del establecimiento, y comenzó un juego de luces especiales: un amarillo de ácido pícrico, un azul metileno, un rojo de permanganato; todos los colores resultaban 
escandalosamente farmaceúticos y de clínica de enfermadades venéreas. Con estas luces químicas 
adquiriría repulsivo la parte turbia del establecimiento. Ciertas caras ofrecían una inexpresividad aterradora, traían a la mente ideas del patíbulo, de manicomio, de ficha antropométrica."


                                   Interior de La Criolla. Foto: Josep María Segarra i Plana


    Exteriores de La Criolla. Fotos de Gabriel Casas i Galobardes y Josep María Segarra i Plana


Interior de Casa Sacristán rebautizado como Wu Li Chang. Fotos:Josep María Segarra i Plana y Brangulí

             
                                           Baile en la Criolla, dibujo de Oleguer Junyent

Dibujo del pintor Esteban Vicente en el album de invitados


Esplendor y final de La Criolla que fue destruída tras un bombardeo de la aviación italiana durante la Guerra Civil en 1938. Foto superior Gabriel Casas i Galobardes, inferior de Brangulí extraída del blog No te quejarás por las flores que te he traído, altamente recomendable para quien quiera profundizar más en el lugar.

jueves, 27 de julio de 2017

Miniaturas sonoras




Entre la cosecha de discos del año 1980, dos de sus mejores tendrían un común denominador: ofrecer únicamente temas de un minuto, me refiero al Commercial Album de los Residents y a la recopilación Miniatures editada por Morgan Fisher que contenía 60 temas de menos de un minuto llenos de sorpresas y ejecutados con gran entusiasmo por músicos procedentes de escenas como la improvisación, poesía sonora, rock progresivo o punk. La sincronía de estos discos no se puede desligar del concepto "menos es más " que había recalado poco antes en los primeros años del punk con bandas como los Ramones o en Wire cuyo primer disco Pink Flag contenía nada menos que 21 temas de los cuales 16 no pasaban de dos minutos. Otro antecedente en el tiempo podría estar en el disco de 1959 Indeterminacy en que John Cage narra 90 historias de un minuto completadas con la aleatorioridad electrónica de David Tudor.

La filosofía del disco Miniatures fue emulada posteriormente en otros lanzamientos y es justo ahora que durante este año también coinciden también dos recopilaciones con el mismo ánimo, el Microtopies 2017, sexta convocatoria anual de Gracia Territori Sonor dedicada este año al 124 aniversario de la patafísica y One Minute Symphonie-Apología de los Insectos Volumen 1 recopilación auspiciada por Antonio Murga que por cierto cuenta con una aportación de Morgan Fisher.





Los impagables playlists de Sounds en los primeros ochenta también apuntaron a los microtemas. Si uno tuviera que hacer uno a bote pronto incluiría los contenidos en el Radioaktivität de Kraftwerk o el So Far de Faust, los antes mencionados del Pink Flag de Wire, el ep Testcard de Young Marble Giants, Natalie de Bal Pare o esa maravilla que es La Escarcha de Camino al Desván.

Para acabar "Repique Psychon" mi pequeña aportación al Microtopies 2017.