viernes, 11 de mayo de 2018

Joaquín Vaquero Palacios, la belleza de lo descomunal



La pasada semana finalizó en Madrid la exposición La belleza de lo descomunal, un acertadísimo título para exhibir la obra del arquitecto y pintor asturiano Joaquín Vaquero Palacios cuya obra arranca en los años veinte con un trasfondo utópico y futurista que en gran parte reorientó en su estancia en Nueva York entre 1928 y 1930 donde llegó a relacionarse con pintores como Edward Hopper o Lionel Feininger. A su regreso a Asturias una sucesión de encargos para fábricas, presas y centrales hidroeléctricas nos presentan unas obras de arquitectura brutalista con relieves ornamentados en hormigón y decorados interiores con esquemas electromagnéticos, la imágen perfecta para "l'elettricità dalle mille traccia folgorante i violette" del manifiesto de Marinetti "Contro la Spagna Passatista".

Pertenezco a una generación y escena de músicos que en los principios de nuestra trayectoria asistíamos ensimismados a la estética del maquinismo y la ruina industrial, recuerdo muy especialmente un viaje desde Bruselas a Düsseldorf donde uno quedaba asombrado de la inmensa central en los alrededores de Zwolle y que supongo sería el origen del nombre de De Fabriek vecinos de la localidad o de una repentina parada del tren en el ocaso del día en el sector de Duisburg ante una subestación eléctrica idéntica a la que aparecía en el interior del primer disco de Kraftwerk fotografiada por Bernd y Hilla Becher, auténticos exploradores de todo este paisajismo que ha tenido también en nuestro país representantes como Manuel Esclusa o Joan Fontcuberta sobretodo en sus ambientes nocturnos.

                                                                    Central de Miranda



        Central de Salime. Mural interior y Sofá-turbina, zona de descanso para los trabajadores

                                                          Dibujo de Nueva York, 1928





                                               Fotos blanco y negro. Fuente Lastra Arquitectos


martes, 1 de mayo de 2018

Erotismo aural




Uno de los últimos lanzamientos del sello barcelonés Marbre Negre está protagonizado por Daniel Sedcontra con una triple cassette llamada Aural Irrumatio que recoge extracciones y manipulaciones sonoras de vídeos pornográficos a través de unas secuencias repetitivas de una punzante e hipnótica sonoridad que habíamos podido apreciar en sus anteriores presentaciones en directo desde 2014. En una audición reposada y atenta, uno aprecia mejor una vociferación física que casi tiene más connotaciones con la música concreta que con la industrial, más habitual esta última a propuestas de amoralidad a través de sugerencias sonoras aderezadas con imaginería extrema. En definitiva una escucha que como bien dice Sedcontra "está destinada quizá a despertar al erotómano en el melómano y al melómano en el erotómano".

La incursión del gemido o suspiro erótico en la música concreta se puede encontrar en el disco Symphonie pour un homme seul de Pierre Schaeffer o en Les Danses Organiques de Luc Ferrari quien acudió a dos mujeres para que grabaran estos sonidos en el mismo estudio, lo que probablemente constituyó un acto de voyeurismo en toda regla. Otra compositora también adscrita al Groupe de Recherches Musicales como es Beatriz Ferreyra con Pas de 3 ou plus se adentró en estas sonoridades que han sido analizadas desde el punto de vista femenino y feminista por la compositora y ensayista Juliana Hodkinson en Making Sex Sound.

En un terreno alejadísimo del anterior, pero que sin embargo también se abastece del erotismo aural podemos señalar la reveladora cada vez mayor presencia de lugares en la red donde encontrar audio erótico o directamente porno, sus nombres lo dicen todo (Sounds of pleasure, Audible Porn o Aural Honey), una práctica que bien puede recordar muchos años antes en 1965 en un disco tan bizarro como era Tortura, The sound of pin and pleasure.










Cromagnon, Ritual feast of the libido. De su album Orgasm, 1969.

martes, 17 de abril de 2018

Albert Alcoz Resonancias fílmicas, el sonido en el cine estructural



En la reciente estancia en Madrid P. Adams Sitney, uno de los mayores estudiosos e historiadores del cine de vanguardia norteamericano, quería comprobar si era cierto como le habían comentado algunos allegados, que España era en estos momentos uno de los países donde más interés hay por el cine de vanguardia, algo que le sorprendía habida cuenta que en una anterior visita en 1968 nos relata como la guardia civil llegó a revisar una película de Stan Brackhage que duraba cinco horas. Sitney está en el origen de diferentes etiquetas con que ha sido tildado parte de cine como son el visionario o el estructural, este último tiene una gran relación con la creación sonora y efectivamente como dice el escritor norteamericano en esta país han habido importantes estudiosos y difusores en esta ámbito como han sido Eugeni Bonet, Juan Antonio Suarez o más recientemente Albert Alcoz artífice entre otras cosas de Visionary Film un blog de obligada visita a todo explorador de celuloides casi invisibles y del libro que nos ocupa Resonancias fílmicas, el sonido en el cine estructural (1960-1981) publicado el pasado año por Shangrila Ediciones.

El campo de estudio del libro se centra en cuatro conceptos como son el ruido, la voz, la repetición y el paisaje sonoro. Para ello ha prescindido de cineastas que se han movido en estos terrenos pero que tienen una gran bibliografía como son el caso de Peter Kubelka, Michael Snow o Tony Conrad. Tampoco se referencia apenas a Michael Chion pues pese a que sus estudios del sonido en el cine son altamente interesantes, estos se han centrado en el cine de ficción o narrativo más que en el experimental. En concreto los cineastas representados en el libro son: Kurt Kren, Steve Farrer, Guy Sherwin, Hollis Frampton, Paul Sharits, Morgan Fisher, Bill Brand, J.J. Murphy, Larry Gottheim, William Raban, Chris Welsby, Paul Winkler y Chris Galagher.

Todos estos realizadores han unido al celuloide unas sonoridades alejadas de los tratamientos convencionales del cine narrativo cuyos resultados les emparenta a estilos de experimentación sonora como la música concreta, atonal, minimalista o electrónica que más de uno recordará basaba la idea de la colección Cinéma pour l'oreille del sello Metamkine. El arquetipo del sonido homogeneo que acompaña la imagen narrativa aquí es pulverizado, como bien dice Alcoz, por "un naturalismo acústico, azaroso, ruidoso, ambiguo y contradictorio". Trabajos que realzan la especificidad fílmica, el grano de la imagen, el fotograma fotoquímico del celuloide y el material físico de la película tanto si es el terreno de la experimentación sónica como en la búsqueda de la agresión respecto a la capacidad auditiva del espectador, subvirtiendo en muchos casos las tecnologías de grabación, apenas utilizando magnetófonos o micrófonos sustituyéndolos por imaginativos procesos trabajados sobre la propia emulsión.

                                                         Kurt Kren, 3/60 Baüme im Herbst

                                                           Guy Sherwin, Musical Stairs

                                               River Yar, William Raban y Chris Welsby

                                             Four Shadows. Elective Affinities, Larry Gottheim

                                              Horizons. Elective Affinities, Larry Gottheim

                                                            Serene velocity, Ernie Gehr

                                                                         Morgan Fisher

                                                                         Paul Sharits







martes, 3 de abril de 2018

La cadencia envolvente de Camino al Desván




Acaba de editarse por el sello La Olla Express la cuarta entrega de la colección Barcelona Documentos Musicales que en esta ocasión tiene como protagonistas al dúo Camino al Desván, su obra realizada básicamente en formato de cassette entre 1983 y 1986 era practicamente inencontrable. A través de este doble cd podemos escuchar todas sus grabaciones e incluso algún tema inédito, todo ello completado con un libreto interior con texto acertadísimo de Germán Lázaro quien desde su añorado blog Overlook Hotel ya reveló su admiración al redescubrir sus grabaciones.

Volver a escuchar de nuevo Camino al Desván me provoca la misma añoranza que en su momento me ofrecía, añadida a una percepción etérea y volátil de temporalidad. Pese a conocer a sus dos miembros Lole García y Jordi Cabayol con cuyos grupos respectivos Logotipo y Entr'acte nuestro grupo Xeerox compartía locales de ensayo en la calle Horta y viéndoles tocar allí a menudo, sus inmediatas primeras composiciones ya como dúo tenían un sorprendente componente propio en que se entremezclaban brillantemente tonalidades de un brumoso romanticismo junto a un cotidiano ámbito doméstico a lo que no era ajeno la presencia de gatos ronroneando a los altavoces o mirando fijamente alguna presencia solo por ellos percibida. Es curioso, Lole me recordaba mucho físicamente a Danielle Dax y su grupo Lemmon Kittens tenía mucha concomitancia con Entr'acte.

Estas  grabaciones fueron agrupadas en su primera cassette "581" y poco después Violines y Trompetas por el sello Ortega y Cassette que Lole, Ángel Lalinde y yo creamos contagiados por la accesibilidad y dinamismo de este medio que nos permitía un intercambio y distribución me atrevería a decir mayor que hoy en día, solo había que ver lo repleto que estaba siempre la cajetilla del apartado de correos.  De estos contactos uno no puede olvidar las visitas de Thies Kohn artífice de Willkürakt con quien acudimos a un encuentro de John Cage en Cadaqués o Axel Kyrou de Vox Populi quien congenió especialmente con Jordi Guber cuyos grupos (junto a Frank Palomo) Líneas Aereas y Metropakt también ensayaban en los locales de Horta. Mencionar que Lole tuvo un fugaz ofrecimiento de integrarse en Líneas Aéreas que no llegó a materializarse aunque uno guarde un recuerdo imborrable de verlos juntos tocando a cuatro manos en el órgano Farfisa de ella una versión perfecta del Komet Melodie de Kraftwerk. En la instrumentación de Camino al Desván este instrumento tuvo una destacada presencia con unos sostenidos vibratos que unidos a la guitarra, saxo y violín de Jordi Cabayol les daba una sonoridad propia con paralelismos a formaciones como Cluster o Tuxedomoon y que les distanciaba un tanto de música industrial habitual en el contexto de la cassette culture pese haber participado en recopilatorios tan extremos como Katacombe o de distribuir las cassettes de las live actions de Whitehouse y reeditar en el propio sello trabajos de Esplendor Geométrico o La Otra Cara de un Jardín. El equipamiento sonoro estaba completado por un sintetizador Korg MS-20 y una caja de ritmos de fabricación casera.

Mencionar la inclusión de otros músicos como Jesús Melcón en Violines y Trompetas y Carlos Luis ex miembro de Entr'acte al piano cuyo contraste y cromatismo sonoro es como sugiere Germán Lázaro en el libreto de "un tono triste y azulado". Esta impronta la puede uno encontrar especialmente en el tema La Escarcha (uno de los tres que el grupo registró en la recopilación de Discos Esplendor Geométrico junto a Avant Dernières Pensées, Melodinámika Sensor y 32 Guajar's Faragüit) una miniatura de poco más de un minuto que al oírla en los Estudios Sonitec de la calle Gomis donde se grabó el disco me arrebató para siempre y que fue luego incluida de nuevo en su última cassette que recogía su única actuación en directo de 1986 en el Transformadors, punto final de su trayectoria.












Juntarnos amigos para oír música en nuestras casas era algo habitual en los músicos que nos movíamos por la zona de Horta en los primeros ochenta: la propia, la que nos mandaban grupos afines o nuestros discos de cabecera. En este caso la muestra reproduce la que podría sonar en el primer domicilio de Camino al Desván en la calle Comalada y sirvió para ambientar la presentación de su cd por La Olla Express en la Gran Bodega Saltó del Poble Sec.

martes, 20 de marzo de 2018

En recuerdo de José Manuel Costa

                                         

El pasado 14 de marzo el corazón de José Manuel Costa dejó de latir. Hace algo más de tres años con motivo del último programa de Vía Límite acababa la entrada con una frase de Paul Eluard que él la hacia propia "Hablo de aquello que me ayuda a vivir", lamentablemente este entusiasmo que trasmitía a través de sus escritos o sus programas de radio se ha quedado dolorosamente ausente. Volviendo a escuchar ahora cualquier de los 171 programas de Vía Límite uno percibe que sigue allí vibrando desde el éter radiofónico.

Tuve el placer de conocerlo por primer vez en el Berlín de 1994 donde su inquietud y olfato artístico y musical le llevó a compartir gran parte de la escena techno más heterodoxa y marginal tanto a nivel creativo, escribiendo varios textos para la revista Debug o el festival Chromapark, como también su aspecto más lúdico. En una misma noche te presentaba a Gabi Delgado, luego a Konrad Becker de Monoton para después juntarse con uno de los los fundadores de Mego Andreas Pieper y asistir a alguna sesión en algún lugar insospechado a altas horas de la madrugada, una efervescencia única que bien podía recordarle los primeros días de la nueva ola madrileña a finales de los setenta sabiendo tenía también esta fecha de caducidad y banalización. Nuevas formas de producción y consumo ante lo cual surge siempre una radicalidad a la que él supo siempre estar muy atento que le lleva desde organizar un concierto de Música Dispersa en Madrid a principios de los setenta o reseñar en El País el primer concierto de Esplendor Geométrico, todo ello pese a sufrir desencuentros entre dos ramas de actividad como es la empresarial y la creativa.

Mi enorme gratitud al ser incluido en la recreación sonora que hizo junto a Pual Paulun de los filmes Planet of Vampires y Sans Soleil y de protagonizar en una ocasión una de las columnas habituales en ABC "En la Frontera", así como de ser obsequiado con algunas cassettes como la sesión que amenizó como dj en la Galería Hôma en Barcelona o una colaboración sonora junto al antes mencionado Andreas Pieper en los tiempos de su formación General Magic. Ambas podeis oirlas al final.

Desde aquí mi más profunda condolencia a sus seres queridos y especialmente a Isabel.



                                            Texto incluído en la presentación de Chromapark


Recreaciones sonoras de los filmes Planet of Vampires y Sans Soleil presentadas en en Open Air Cinema y Volksbuehne de Berlín.

(Foto José Manuel Costa, fuente: Latimeria Acúfenos)
 

sábado, 10 de marzo de 2018

El piano entre ruínas





Uno de los hechos más luctuosos de la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar a finales de esta cuando en los días de la ocupación rusa en Berlín un soldado alemán de las SS fué obligado por su captores a tocar el piano advirtiéndole que sería ejecutado si dejaba de hacerlo. El soldado tocó durante 22 horas antes de desvanecerse en lágrimas, los rusos le felicitaron y poco después le remataron con un tiro. Las guerras del siglo XX nos dejaron muchas fotos de pianos abandonados o destrozados, una de las más famosas fue la que captó Lee Miller en Berlín en los mismos días de la ejecución del soldado alemán y que es reproducida en la cabecera de esta entrada.

Apenas dos décadas después en la Alemania de los primeros sesenta el piano se hace ruína fruto de las hachas y martillos de los enfebrecidos miembros de Fluxus muchos de los cuales habían vivido de manera muy directa los destrozos de la guerra. Esta práctica artística se extendería a lugares insospechados como relataba Bill Drummond en una entrevista en que contaba como a principio de los sesenta mientras estaba familiarmente destinado a tocar el piano se quedó prendido viendo en televisión a grupo de personas rompiendo el piano con mazos, lo cual le llevó a la idea de poderlo hacerlo el mismo para escuchar estos sonidos de cerca. Después del pase televisivo ninguna fiesta de pueblo estaba completa sin un concurso de aplastamiento de piano y pronto todos los pianos disponibles para aplastarse desaparecieron, desvaneciéndose el lugar que ocupó durante años en la imaginación pública y en la cultura popular.



Soldados tocando el piano en tiempo de guerra, la primera en Berlín 1945, la segunda en la Guerra Civil Española y la última en Bosnia durante la Guerra de Yugoslavia.



                         La destrucción del arte por miembros del Wiener Aktionismus y Fluxus

Annea Lockwood quemando un piano, años atrás Jerry Lee Lewis hizo lo propio en un, nunca mejor dicho, incendiario concierto.


martes, 27 de febrero de 2018

Golpea tu cerebro: Spanish Underground Cassette Culture 1980-1988



Es sorprendente la profusión que durante este año está teniendo gran parte del material de música electrónica y experimental que vivió este país durante los ochenta. Sin duda uno de los lanzamientos más esperados es este Golpea tu cerebro: Spanish Underground Cassette Culture 1980-1988 que se presenta con una cuidadísima edición dentro de una caja que contiene dos lps. y un impagable libreto de 52 páginas, siendo la primera referencia del sello Insane Muzak (un tributo a un tema de La Otra Cara de un Jardín) dirigido por Alex Carretero, un incansable rastreador que bien sabe del alto nivel creativo de toda este movimiento y que tanto entonces como hoy merece un considerable interés.

Muy a tener en cuenta es que nos encontramos ante una selección en que esta escena está representada por algunos de sus intérpretes o composiciones más extremas o si se prefiere ruidistas, ya no tanto por su indudable contagio de música industrial sino también por que son resultado en muchos casos de geniales alteraciones de la propia cassette alterando o modificando sus mecanismos a base de retroalimentaciones o cambios de velocidad y aprovechando también novedades de la entonces incipiente miniaturización tecnológica como las grabadoras de cuatro pistas o el propio walkman. Los pocos sintetizadores presentes, están en las antípodas del emergente por entonces MIDI sin el autoacompañamiento de rigor casi imposible ante larguísimos retardos y efectos. Destacar también la disponibilidad de magnetófonos muchos de ellos en el propio habitat familiar que ve aturdido estos sonidos de desarraigo y estrépito que causan el entusiasmo de estos jovencísimos intérpretes que además no necesitan pasar por ningún estudio de grabación; como dice el lema de Oh-Casio-On, en casete y en casita.

Esta escena constituye realmente el primer movimiento do it yourself en España apenas elaborado antes en el contexto histórico del punk. La amplia red que el movimiento Home tape work estaba teniendo a nivel internacional facilitó muchísimo el intercambio y la distribución de todo este material que en muchos casos alcanzaba la tirada de 300 ejemplares, siendo reseñados por publicaciones o radios no solo especializados sino también de ámbito más general como fue la semana entera del Club de los Ruidos en Radio 3 en hora de máxima audiencia o columnas fijas en la revista Rockdelux cuyos concursos de maquetas fueron copados por algunos de los protagonistas en este recopilatorio.

Añadir que pasando las páginas del libreto nos encontramos con un grafismo de artworks espontáneos de herencia muy dadaísta, collages ultraístas en que presientes rumores de máquinas y laboratorios clandestinos, un trabajo artístico alejado del gusto de museos y galerías (con excepciones como el Espacio P) que bien se podría emparentar con los collages de José Val del Omar quien ya en 1970 hablaba del término Cultura del Casete en una disertación en Madrid. Este desinterés en círculos artísticos ahora parece revertirse a través de algunas exposiciones y en los últimos años ha tenido una sorprendente continuidad a través de sellos locales como Anòmia, Alku, Marbre Negre o Absent Tapes.











La Otra Cara de un Jardín en su segunda edición por el sello Ortega y Cassette