viernes, 20 de marzo de 2020

Unidos en nuestra reclusión, Throbbing Gristle United




Otra triste pérdida, hace pocos días nos dejó Genesis P- Orridge, su fallecimiento se produce en medio de los días convulsos que estamos atravesando por el virus, un escenario catastrófico que nos parece irreal y que solo habíamos imaginado en recreaciones de creadores de mundos terminales como fue el caso de su grupo Throbbing Gristle, ellos nos mostraron parecidos escenarios asociados a las tácticas de desinformación y supervivencia desde una ciudad como es Londres, donde estos días sus ciudadanos asisten atónitos a los planes gubernamentales de contingencia del virus basados en una aventurada inmunidad de grupo cuya inacción pone en peligro la población con menos recursos y enfermos mayores, nada sorprendente en una ciudad que como James Bridle apunta en su libro The New Dark Age, Technology and the End of the Future cuenta con un hospital en Hillingdon, supuestamente modélico, cuyo terrado cuenta con antenas parabólicas de microondas para acelerar transacciones bursátiles ultrarápidas.

Como ocurría con la Velvet Underground que eran capaces de componer en un mismo disco Sunday Morning y Black Angel's Death Song, Throbbing Gristle tenian la capacidad de alterarte en la oscuridad y relajarte en la esperanza como prueba su primer single United/Zyklon B Zombie publicado en 1978, su portada tiene semejanza con lo que estamos viviendo estos días, en la parte frontal una serie de garajes todos cerrados en un entorno sin gente y en la contraportada Chris Carter bañándose como desinfección. United es una canción de amor, no de pareja sino universal, Genesis P-Orridge dijo en una ocasión que pretendía ser como una voz de ánimo que te encuentras vía telefónica para mitigar el distanciamiento de amigos y seres queridos, su voz parece un mantra flanqueado por una línea melódica y pulsion rítmica tajante de sintetizador ejercida por Chris Carter, una fórmula que se repetiría en sus otros dos singles posteriores presentados todos de forma uniforme y con bolsas de camuflaje, producto artístico pero también información al igual que toda la la serie de cassettes parejos de sus conciertos. El single tuvo un gran número de ventas proviniendo de un sello independiente, fue elegido como single de la semana por NME y coincidió con otros lanzamientos de pop electrónico como el Being Boiled de The Human League cuya cara B también tenía un reverso inquietante como era Circus of Death.

En medio de la inquietud de la ciudad británica por el coronavirus, ayer aparecía un desinfectante de manos creado por la cervecera BrewDog que han bautizado asombrosamente como Punk y que se va a distribuir gratuitamente a toda la gente que lo necesite, ninguno de los creadores de la escena punk o industrial se podrían imaginar nada semejante en sus temas más aguerridos de resistencia.

"United/its a lie/its the same/it's a sigh/It's a game/Its the way/ Its the where and the when we're united". Cuidaros mucho, un abrazo.




                                      Throbbing Gristle, Genesis P. Orridge y Chris Carter

Cartel del concierto de Throbbing Gristle en el London Film Makers Co op previo al single



                                              Entorno del Hillingdon Hospital en Londres

                                                                  Desinfectante Punk



martes, 10 de marzo de 2020

Max Ernst, fantaseando su colección de discos




Cualquiera que recorra la exposición sobre Surrealismo y Diseño en el Caixaforum podrá observar en muchas de sus fotos como se apilaban montones de objetos en muchas de sus casas o talleres, algo un tanto paradójico en un movimiento que plasticamente mostraba la fantasmagoría del vacío. En una de esas fotos encontramos a Max Ernst reposando en la casa de Peggy Guggenheim en New York, el ámbito no es muy distinto a varias fotos que siempre hemos visto al hogar de André Breton repleto de objetos exóticos, pero llama poderosamente la atención un enorme tocadiscos con su su altavoz en forma de cuerno  que seguramente no encontrariámos en casa del escritor francés, habida cuenta de su proverbial indiferencia al mundo musical en que alegaba la preferencia del silencio a la música para la contemplación de la cosmogonía poética de la obra surrealista.

A excepción de Erik Satie, de los pocos músicos que tuvieron relación con artistas surrealistas podemos encontrarlos en Estados Unidos como es el caso de Edgar Varèse con obras como Arcana inspiradas por elmundo de los sueños y muy especialmente George Antheil quien compuso obras basadas en los collages de Max Ernst, ambos participaban en un círculo social neoyorkino con figuras locales como Maya Deren y Dylan Thomas que alternaban con artistas europeos expatriados durante la Segunda Guerra Mundial entre los que se encontraba el propio Breton quien escribió en esos días: "Entonces que la noche siga cayendo sobre la orquesta, y que yo, que todavía estoy buscando algo del mundo, quede en mi contemplación silenciosa, con los ojos abiertos o cerrados en generar luz". 

Pese a esta indiferencia al mundo de la música seguida por el surrealismo más ortodoxo y pese a las semejanzas entre el automatismo y la improvisación me he aventurado a imaginarme discos de acompañamiento a las ensoñaciones vegetales y minerales de Max Ernst, así que como decía Gómez de la Serna dejemos que el tocadiscos respire al aire.






























miércoles, 26 de febrero de 2020

Hollywood Dark Ambient




Todos los que de alguna manera hacemos música electrónica o experimental al mostrarla a un público no familiarizado con este tipo de géneros hemos oído en muchas ocasiones que les parecía ideal para una película de misterio o de terror cuando no de extraterrestres, es una apreciación tan válida como cualquier otra en tanto que por ejemplo en un sector mucho más ilustrado como es la critica musical en los últimos años se califican muchos de estos trabajos como ideales para una película imaginaria. La inclusión de este tipo de música ha sido evidentemente más frecuente en el cine experimental que en el comercial algo que sin embargo ha empezado a cambiar estos último años donde diferentes directores cinematográficos han considerado la creación de las bandas sonoras o diseño de sonido de una manera más innovadora, implicándose con el propio músico para que las bandas sonoras no sean solo un relleno de postproducción, esta corriente marca contenidos aun dentro del terreno mas comercial de un cine más moderno.

Un primer síntoma de esto lo encontramos en 1989, los premios AACTA otorgados por la Australian Film Industry otorgan el premio a la mejor banda sonora a Graeme Revell por su trabajo en Calma Total apenas dos años después que gran parte de esta ya apareciera en su disco In Fragante Delicto como SPK editada por el sello industrial Side Effects dirigido por entonces por Brian Williams de Lustmord quien colaboró en el diseño sonoro. Es de destacar que justo dos años antes Paul Schutze miembro de otro grupo industrial australiano como era Laughing Hands obtuvo el mismo galardón por la película The Tale of Ruby Rose. El estrecho contacto del cine australiano con Hollywood facilitó el traslado de Graeme Revell y Brian Williams uno de los primeros músicos en que se le calificó el término de dark ambient, lo cual no le impedía tomarse una cerveza con Angelina Jollie o un coctel con Burt Bacharach, el glamour californiano conviviendo con la central eléctrica abandonada.

Toda esta audacia de producciones cinematográficas con bandas sonoras de oscuras atmósferas tiene en Jóhann Jóhannson un elemento fundamental a través de sus trabajos con el director Dennis Villenueve (Prisioners, Sicarios, Arrival). Teniendo formación como pianista, sus composiciones tanto albergan la utilización de orquesta con toques de música espectral, como la utilización de crear sonidos ya sea por medios analógicos, electrónicos o digitales, resonancias majestuosas y texturas subsónicas de una belleza inquietante que le vincula a su Islandia natal lugar también de nacimiento de Hildur Guönadóttir colaboradora de él y con parecidos planteamientos, esta vez tomando como instrumento de origen el violonchelo del que obtiene muestras alteradas y deformadas buscando siempre un enfoque equilibrado entre lo lúdico y experimental como muestra  recientemente Joker galardonada con el Óscar, trabajo que simultaneó con la serie Chernobyl donde también añadió grabaciones de campo en una central eléctrica abandonada ayudada por Chris Watson con quien ya había colaborado años antes así como en la segunda reencarnación de Throbbing Gristle.

No siempre la relación de estos músicos con los directores ha sido tan fluida como por ejemplo ocurrió con la banda sonora original que Coil hicieron para la película Hellraiser rechazada a última hora por no ser suficientemente sinfónica, en parecidas circunstancias se encontró Jóhann Jóhansson mientras componía los temas de Blade Runner 2049 apartados del montaje final del film ante su rechazo de no seguir un estilo más Vangelis responsable de la versión orinal de la película. Otro remake de un clásico de la ciencia ficción como es Solaris contó con la autoría sonora de Cliff Martinez, músico proveniente de la escena punk californiana. La industria cinematográfica norteamericana no tenía reparos en acudir a estos músicos después de que Trent Reznor alterase su experiencia en Nine Inch Nails al celuloide siendo incluso oscarizado por La Red Social. En este listado resumido al menos mencionar músicos con orígenes en la música contemporánea o minimalista como Max Richter, Mica Levi el propio Javier Naverrete que vive en Los Angeles y no me extrañaría en poco tiempo la presencia de la portuguesa Andreia Pinto Correia después de haber visto el otro día la extraordinaria Extinçao dirigida por Salomé Lamas.





Recreación sonora del film Stalker a cargo de Robert Rich y Brian Lustmord ambos colaboradores de Graeme Revell y todos ellos apasionados de Andréi Tarkovski.

                                                 Jóhann Jóhansson y Hildur Guönadóttir

Jóhann Jóhansson el el Auditori de Barcelona en febrero 2018, su última aparición pública diez días antes de su repentino fallecimiento en Berlín (fotografía de el Periódico).

                                               Max Richter en un concierto en Los Angeles

            Mica Levi en estudio y debajo una muestra de su banda sonora para Under the Skin







Brian Lustmord, extracto de la banda sonora First Reformed dirigida por Paul Schrader



Banda sonora de la serie Chernobyl compuesta por Hildur Guönadóttir

miércoles, 12 de febrero de 2020

Error y mal funcionamiento instrumental



Casi coincidiendo con los 20 años de su existencia Hazard Records ha publicado una grabación de Demo titulada My Broken Juno (Lazy Sound Project II), nada menos que su referencia número 95 del sello que dirige Anki Toner a la que hay que añadir ayer mismo su último lanzamiento de Carter Piler y Sedcontra recuperando una sesión de ensayo de 1997 en su otro sello de reediciones 16RPM. Los temas de Demo están extraídos de grabaciones del Roland Juno 106, uno de los sintetizadores polifónicos más significativos de los ochenta, utilizados por grupos como Cabaret Voltaire o posteriormente Autechre, que sin embargo presentaron un problema bastante común en su uso como era el fallo de los chips de voz en que unos de los seis disponibles se vuelven "muertos" o agrietados, una contrariedad que hizo a muchos deshacerse de él, no así ha sido el caso de Raimon Aymerich antiguo componente de Superelvis que antes de repararlo decidió grabar su mal funcionamiento a través de su sonido ruidoso y distorsionado, de las cuatro piezas dos suenan solas y las otras están ligeramente manipuladas.

El error y el mal funcionamiento instrumental han sido determinantes en la invención de nuevas nuevas técnicas compositivas sobretodo en el hardware digital de los noventa llegando incluso a generar un estilo como ha sido el glitch y la aparición de sellos como Mille Plateaux o Mego, también por aquí esta impronta la podemos encontrar muy poco después en editoras como la propia Hazard Records o Alku y en esos mismos días yo mismo decidí grabar varios temas de oscilación chirriante surgidos de mi dat estropeado y abandonado tras dos carísimas reparaciones, uno de ellos Rastrales al masterizarse para la primera recopilación en cd de Self llevó a la duda a lo técnicos de si el sonido era así originalmente. Toda esta aleatoriedad sónica llegó incluso a bautizar en la Sala Game B de la Barceloneta las sesiones sabatinas del Error Club.

Este gusto por el encuentro con el error imprevisto sigue en la actualidad con plataformas como la holandesa Error Instruments donde se pueden encargar singularísimos artefactos de composición algorítmica o Sample Radar que entre sus muchos productos se encuentran muestras de sintetizadores que funcionan mal. Como bien apuntaba Marshall Mcluhan "Primero damos forma a nuestras herramientas y luego nuestras herramientas nos dan forma".


                   Un testimonio de mal funcionamiento del Roland Juno 60, precedente del 106

                Sample Radar y su acceso a muestras de sintatizadores con mal funcionamiento

                                                                    Error Instruments


            Ensayo sobre "sound malfunction" con portada referencial a Oval y Yasunao Tone


Video clip del tema A Single Minute del tercer disco de Superelvis Wrong Songs en los que apaecen Anki Toner, Mateo Giráldez, Oriol Perucho, Tres y Raimon Aymerich tocando el Roland Juno 106

domingo, 2 de febrero de 2020

Sala Aixelá, imagen y sonido



Todavía se puede ver durante este mes de Febrero en la sala de exposiciones del Palau de la Virreina esta muestra dedicada a la tienda de aparatos audiovisuales Aixelá durante sus años de existencia entre 1959 y 1975. Situada en la Rambla de Catalunya número 13, justo a continuación de la perdurable peletería La Siberia, destacaba ya en su exterior por unos estilizados escaparates montados por el Estudio Zen en que se podían ver las últimas novedades en tecnología de imagen y sonido. La ambición de la tienda era la convivencia de la oferta comercial de estos productos  con su potencial experimental para lo cual decidió habilitar su sótano donde se podía acudir a presenciar proyecciones cinematográficas con conciertos mayoritariamente de música contemporánea y jazz muy cercanos al Club 49, una intelectualidad acomodada que además podría comprar allí mismo discos de importación y cintas magnetofónicas con discos raros de encontrar que luego podían disfrutar en su confortable estereofonía doméstica.

La exposición recoge muestras de las 29 exposiciones que hubieron en la sala con fotógrafos como Xavier Miserachs, Oriol Maspons, Ramón Masats, Joan Colom, Jean Dieuzaide, César Malet y ya en recta final unos emergentes Manuel Esclusa y Joan Fontcuberta, una fotografía más experimental  que los anteriores de carácter documentalista, científico o naturalista que sin embargo también sabía jugar con abstracciones, solarizaciones o naturalezas muertas. Decía Susan Sontag que "todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo, los museos las exhiben y los policías las catalogan" y como bien había apuntado la comisaria de esta exposición Laura Terré todos estos fotógrafos estuvieron casi más obsesionados por por sus archivos que por la práctica fotográfica, bueno sería que todo esta legado que ha sorprendido en sucesivas exposiciones los últimos años no estuviera tan disperso y protegido ante cualquier desinterés familiar o institucional.




                                                         Escaparates de la Sala Aixelá


                                                          Fotografías de Jean Dieuzaide

                                       Exposición de fotógrafos del círculo Aixelá en París

                                                             Ton Sirera Torrefareres

                                                               La Calle de Joan Colom

                                                César Malet, marine tocando en el Jamboree



                                         Revista Imagen y Sonido surgida desde la Sala Aixelá

Cartel del Sonimag de 1976, salón internacional donde se podía seguir la línea de Aixelá a su cierre