jueves, 30 de abril de 2020

La ciudad amenazada, Invasión film de Hugo Santiago



En estos momentos de referencias a mundos distópicos bueno sería apuntar la mirada a Invasión un film argentino dirigido por Hugo Santiago en 1969 que con el tiempo se ha convertido en película de culto en contraste con su fracaso comercial tras su estreno, pese a contar en el guion nada menos que con Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges quien aceptó realizarlo tras la aventurada oferta del director para la que iba a ser su ópera prima después de su estancia en París durante siete años donde trabajó como asistente de Robert Bresson. Esta ficción se localiza en Aquilea un término utilizado a ciudades asediadas que en esta ocasión es la urbe de Buenos Aires durante 1957, ciertas imágenes pueden preveer la opresión de la Junta Militar argentina pero también tienen paralelismos con la dictadura tecnocrática a que están sometidos en Alpha 60 desde el fim Alphaville de Jean Luc Godard o incluso al no-lugar de La Jette de Chris Marker, aun con estas comparaciones Invasión tiene aún si cabe mayor discontinuidad fílmica, sin un encadenamiento claro de causa y efectos que llevó a los actores a reconocer que no entendían nada de lo que estaban rodando.

Durante la dictadura argentina esta hizo desaparecer sus ocho copias con la escusa de eliminar el nitrato de plata del negativo, no fue hasta 2004 que se recuperó una copia en Francia. Destacar la banda sonora del film con intervenciones electrónicas del compositor Edgardo Cantón grabadas en el Laboratorio de Música Electrónica del Instituto Torcuato Di Tella; al igual que Hugo Santiago su carrera musical se desarrolla en paralelo en París donde compartiría sesiones de influjo electroacústico con otra argentina Beatriz Ferreyra. También destaca en el reparto Juan Carlos Paz, introductor de la música dodecafónica en este pais, todo este tipo de exploraciones musicales marcan la inquietud del director a este tipo de sonidos que en posteriores cortos abordaría con dos músicos del llamado serialismo en el caso de los griegos Iannis Xenakis y George Aperghis.











                                                      Diferentes fotogramas de Invasión




  Hugo Santiago durante el rodaje de la película. Fuente: La vida útil/David Oubiña








domingo, 19 de abril de 2020

Ondas Martenot y la volatilidad de los conciertos


En pocos días habrán pasado dos meses desde que asistí al último concierto y quien sabe vista la situación actual cuando será el siguiente. Este fue protagonizado por Tomomi Kubo concertista japonesa de ondas martenot residente en la actualidad en Barcelona acompañada por Ferran Besalduch con instrumentos de viento teniendo como lugar El Antic Forn de Vallcarca bajo el auspicio de los chicos de Llums de Tunguska que temían la respuesta del público habida cuenta de los primeros días de inquietud del virus, afortunadamente esto no ocurrió y el pequeño aforo de la sala se llenó con su casi medio centenar de asistentes. En estos días en que hay tanto miedo al contacto con cualquier objeto o superficie es curioso el protagonismo en el concierto de las ondas martenot, un artefacto que en su primera encarnación se podía tocar a distancia salvo por un pequeño cable conectado al teclado, algo absolutamente innovador surgido de la inventiva de Maurice Martenot fascinado por las señales eléctricas mientras trabajaba como telegrafista en la Primera Guerra Mundial. Es la primera vez que veo al menos tan de cerca ejecutar el instrumento y Tomomi Kubo lo hace con real maestría, pese a ser una improvisación sus bloques parecen estructurados e intuyo la gran versatilidad de ella que le ha llevado a trabajar con otros músicos de diferente ámbito como Akiko Yano la antigua componente de la primera formación de la Yellow Magic Orchestra.

Poco después de que en 1928 el instrumento de las Ondas Martenot se completara con teclado, altavoz y generador de frecuencia este se  presenta en teatros de ópera de Francia y poco después en otros países como fue el caso de España en 1932 concretamente en dos cines majestuosos: el Rialto en Madrid y el Coliseum en Barcelona, quien quiera saber más sobre estos acontecimientos recomiendo lo haga a este escrito de José Vicente Gil Noé titulado "Música o Magia", la presentación de las Ondas Musicales de Maurice Martenot en España, el autor nos narra el halo de misterio que precedió a los conciertos tanto por su desconocido funcionamiento electrónico como por su forma de interpretarse solo con el movimiento de las manos en el espacio, una innovación más de formas que de fondo pues solo se reproducían esquemas tradicionales de música con un repertorio en que se mezclaban Bach o Brahms con cantos rusos, indios o melodías populares tamizadas con las frecuencias de interferencias de síntesis sustractiva acompañadas por su hermana Ginette Martenot y el pianista gallego Andrés Gaos. Presentado más como una atracción o curiosidad científica el primer concierto en el Coliseum fue por rigurosa invitación a compositores, músicos y hombre de ciencia, los sigueiente conciertos ya fueron abiertos público y la prensa confirmó los escritos preliminares tratando a Martenot como un brujo cuyos procedimientos estaban entre la música y la magia. Pocos años antes del concierto en el Rialto de la Gran Vía, Ramón Gómez de la Serna le preparaba el terreno en una de sus grueguerías: "El piano de las ondas es como un submarino, el piano que teclea en una habitación llena de agua"

Las ruinas de las guerras y catástrofes a menudo han generado invenciones como las ondas martenot o el theremín ambos tras la Primera Guerra Mundial, en estos tiempos tan expuestos y oscuros uno podría esperar que de nuevo esto sucediera pero me invade más bien el pesimismo de escenarios distópicos donde la presencia en los conciertos estará regulada bajo identificación viral geolocalizada con intérpretes de presencia virtual captados por nuestras gafas de realidad aumentada como complemento a nuestra ropa inteligente que interactúa con corporaciones que comprueban como nos está influyendo esa propuesta musical. Definitivamente espero que no, que vuelvan conciertos como los del Antic Teatre de Vallcarca y otros lugares y que esa habitual limitada audiencia, que a otras escenas les parecerá pírrica, siga en pie irradiando futuro.



                                                                        Tomomi Kubo
              Maurice Martenot en los primeros días de su invención

                                 


Carteles con conciertos de Maurice Martenot en Madrid y Barcelona (Fuente: José Vicente Gil Noé)






Josep María Mestres Quadreny interpretado con ondas martenot y una obra gráfica suya para un concierto con este instrumento en 1970.




Cartel y concierto de Tomomi Kubo y Ferran Besalduch. Filmación: Antoni Robert


martes, 7 de abril de 2020

Velando a Víctor Nubla




Quería escribir todo esto la misma noche de su fallecimiento el pasado 31 de marzo pero no podía, sentía un enorme pesar aún sabiendo de su previa hospitalización e irremediablemente me refugiaba en el recuerdo de mi último encuentro con él en su casa hace apenas dos meses donde quedamos para comer y de paso intercambiarnos material, hace tiempo que no lo hacíamos y en esta ocasión tenía muchas ganas de ver el reportaje y entrevista que de su trayectoria había efectuado la publicación británica The Sound Projector con que quince páginas de extensión, nada de extrañar habida cuenta de una larga trayectoria que empieza con la creación de Macromassa en 1976 y toda su producción en solitario con innumerables registros en diferentes formatos, bandas sonoras, instalaciones, música para bandas y orquestas, talleres, acuarelas y una cada vez mayor labor literaria a través de artículos de prensa y libros de contenidos variadísimos.

Conocí directamente a Víctor en 1978 cuando nos traía a la tienda de discos de Gay&Co  de la calle Hospital el primer single de Macromassa Darlia Microtónica, se compraron muchos de ellos pese a la radicalidad sonora de "free electronics" muy cercana a la música industrial. La escucha del disco en la tienda esa misma tarde y luego en mi casa me impactó mucho y me maldecía de no haberlos visto pocos meses antes en conciertos como el que dió lugar al single en la Sala Màgic del que me hablaba como asistente Silvia Escario cantante de Ultimo Resorte o uno en el Colegio Martí-Codolar en mi barrio de Horta, zona donde también estuvieron durante un tiempo ensayando. En esos días sí coincidimos en el concierto en el Casal Claret de Henry Cow de cuyo sello inmediato Recommended Records empezarían pronto a distribuir algunos de sus discos en la tienda así como de contactos franceses especialmente el disco de Heratius Corporation, todo este material de intercambio, que se vio acentuado por nuestra presencia en la revista norteamericana Eurock lo escuchábamos en casa de Juan Crek y Fina con discos de The Residents o Magma entre otros y junto a los primeros ejemplares del Periódicodeunasolahoja.

Todo este intercambio internacional de material se incrementó aún más nada más empezar los ochenta con la llamada cassette network, donde Víctor recaló en paralelo a la experiencia de autoedición discográfica que era UMYU, con las dos cassettes del duo Secreto Metro junto a Peque Lino cuyo piso en un edificio altísimo de La Guineueta con unas fantásticas vistas a Collserola servía de estudio, así lo reflejó en una fotografía la revista musical Sounds dentro de varios reportajes dedicados a este tipo de agrupaciones y sellos, que lástima que no encuentre ninguna foto del mono naranja que llevaba en aquellos tiempos. Todo este fluido de material en forma de cassette originó en su caso la creación de LMD (Laboratorio de Musica Desconocida) junto a Juan Crek y Katy Phipps, Antón Ignorant con 1984 Cintas y Ortega y Cassette por nuestra parte. Ante esto Víctor decidió unir fuerzas y coordinarnos en una posible sociedad cultural llamada Centro de Documentación Leticia Vinaroz donde se pudiera recopilar, clasificar y conservar todo este material proporcionando intercambio y acceso, un ambicioso proyecto llevado a instituciones culturales de la Generalitat cuya respuesta fue de escasa receptibilidad. En este proyecto también estaba Radio PICA donde todos participábamos en diferentes programas por separado y ocasionalmente en uno conjunto llamado Informe Semanal donde aprovechando una accidentada visita de La Edad De Oro en Barcelona a la Sala Metro aprovechamos para acercar el micrófono a su directora Paloma Chamorro en una entrevista delirante de la que sin embargo originó futuras colaboraciones como fué la presentación de Víctor  en un programa de varios videos de Ralph Records.

Otro escenario de mis encuentros con Víctor se sitúa en su piso de la calle Tordera en la emblemática Plaza Raspall del barrio de Gracia, tras picar al timbre venía a recibirte vigorosa su perra Hortensia, allí te podías encontrar a Paloma y Lulu de Maton Kiki, Jean Marc Vivenza o Eric y Marc Hurtado de Etant Donnes. También podíamos quedar en el bar de enfrente, su adorado Resolís y presentarle a Arturo Lanz de Esplendor Geométrico y Andrés Noarbe, de este encuentro surgirían nuevas grabaciones de él en el sello EGK y ya posteriormente dos discos de Macromassa. Por allí se podían ver también los miembros del grupo británico Murphy Federation cuya furgoneta se había estropeado enfrente a la Sala Orquídea a muy poca distancia de allí, todos ellos participarían en la recopilación que Víctor estaba preparando con el título de Domestic Sampler en los estudios Soni Tec de la calle Gomis, allí pocos meses antes se había gestado el single de Lol Coxhill tras haber tocado en directo con Nubla y Cludio Zulián en el Piano Bar. Como se puede apreciar una frenética actividad, toca volver a casa y leer Historia abreviada de la literatura portátil comprado en la librería Cap i Cua y si el sueño no le vence seguir escribiendo sobre toda la evolución musical del siglo XX, un libro que finalmente se público como La Nueva Música con el seudónimo de Adolfo Marín.

Llega la fiebre olímpica que contagia gran parte del tejido creativo de la ciudad y en el Mercat de las Flors me quedo contrariado que tras la actuación de Gringos Víctor se quede sin ver a The Work la nueva formación de su admirado Tim Hodgkinson atendiendo un trajín de encuentros con dinamizadores culturales en el bar del teatro, me pregunto si sabe donde se ha metido teniendo que asistir en ocasiones a un frío módulo de la torre Mapfre. Esta actividad de gestión es reconducida afortunadamente a la creación del Festival LEM con Gracia Territori Sonor como organización, un festival que crece cada año exponencialmente en participantes de gran interés pero que lamentablemente tiene que convivir con el parón de varios años de Macromassa tras su actuación en la Plaza de Toros de Algeciras junto a Masters of Jajouka y Muslimgauze.

Nunca le agradeceré bastante la invitación que tuve por su parte y Io Casino de pasar un fin de semana junto a ellos en la residencia de artistas Côclea en Camallera en el Baix Empordà después de la muerte de mi padre, allí cocinaron pescado de L'Escala y por la tarde acudimos a la playa del Muelle de Empúries en el atardecer, toda esta zona tendrá un gran influjo en varios cds suyos como Empúries y Seven Harbour Scenes con imágenes del Port de la Selva. Música hecha con una instrumentación mínima como un teclado casio Sk1, onda corta, un multitrack de cuatro pistas y una misteriosa cajita de sonidos inciertos que bautizó como La máquina de hablar con Dios, todo ello lo podía transportar con facilidad a lugares donde se retiraba como el Hotel Riomar en Sant Martí de Empúries o muy especialmente el Hostal La Gambina en Colera donde de nuevo tuve el privilegio de compartir dos días con él y Alain Wergifosse charlando con el fondo del sonido nocturno del mar frente a dos pequeñas playas continuas de nombres expresivos, Les Portes y Els Morts. El norte de Girona tenía una línea continua de filósofos cuánticos trazada por Salvador Francesch, Eliseu Huertas, Jordi Valls y este enclave con Víctor Nubla.

Tras el letargo Macromassa con algún contratiempo de salud vuelven a despegar las alas a través de canales de amigos como un concierto en una fiesta en Radio PICA, la sala Heliogàbal o en la galería Eat Meat donde presentan su cd Armas Mosca editado por La Olla Express recuperando su instrumentación original:Víctor Nubla clarinete modificado y Juan Crek audiogenerador y voz. Coincidiendo con este regreso de nuevo una considerable labor literaria con varios de sus libros editados por Males Herbes, charlas literarias e incluso como selector musical en vermouths en el Bar La Sínia, no puedo asistir a muchas de ellas pero no me pierdo la reveladora y divertida conferencia La Pistolas de los Rayos sobre su admirado Philip K Dick, allí nos emplazamos para encontrarnos en la Bodega La Palma para volvernos a intercambiar material donde me pregunta perplejo si me ocurre como a él que en varias copias del disco Macromissa editado veinte años antes estaban despareciendo los títulos del disco impresos en letra de oro.

Como he mencionado al principio, el pasado febrero quedamos para comer en su piso de Mila i Fontanals, le espero en la puerta y le veo con mucha mejor movilidad que por ejemplo la última vez que le acompañé a este punto tras un emocionado encuentro propiciado por Eli Gras con Archie Patterson el editor de Eurock a quien no conocíamos personalmente. Ya en casa me pone al día de trabajos que no conocía como el disco Les trois machines de l'apocalypse compartido con Lieutenant Caramel y Pacific 231. Comentamos el reciente concierto de Macromassa en el sorprendente escenario modernista de la Capella del Col-legi Major Ramon Llull con una gran audiencia ya generacionalmente más joven ávida de referencias y que podrán disfrutar de su música a través de Hrönir Radio, un portal que emite 24 horas seguidas de manera aleatoria tanto material en solitario de él como de todas sus formaciones, sin duda una gran idea. Es hora de marcharme me anima que me quede a conocer a un chico muy interesante, algo cada vez más raro para él de encontrar en un barrio de Gracia cada vez más hipsterizado, avanzamos por el pasillo repleto de cassettes, acuarelas y libros alguno de los cuales me muestra con ilusión, ya en la puerta nos damos un abrazo de despedida como siempre y me invita a que tengamos más veladas como esta. Lamentablemente esto último no podrá repetirse, no me hago la idea de su pérdida y en estos días de aislamiento desconsuela no poder abrazar a compañías de viaje como Katy Phipps, Io Casino o Juan Crek. Repaso de nuevo el material que me dió ese día, el número de The Sound Projector y un librito que acaba de salir de imprenta editado por Marc Valls en Edicions Roure con el título De lo que no trata este libro (Técnicamente estoy aquí) en cuya última página Víctor nos escribe:

"Fisuras de miedo, impactos de soledad, oscuridades de silencio. Nada de eso es bienvenido, Todo era más sencillo, mi dar era completo, no pedía nada a cambio, por eso veo; por eso comprendo. Tendrán que inventarme de nuevo. Si es que los fantasmas pueden inventar seres no muertos, aunque sea para volver a comérselos."


                                                                    Macromassa 1978



Adelanto en forma de regalo de Varios Temas Populares (1978) y De Monios SL (1979)

                                                Edición limitada de Quantos/ Represalia


                                            Peque Lino y Victor Nubla como Secreto Metro

   Ángel Lalinde, Javier Hernando y Víctor Nubla observados por Hortensia

Víctor Nubla y Paloma Chamorro presentando vídeos de Ralph Records, La Edad de Oro 1983

Piedra Nombre, primer cd de la serie MCO, como toda su producción se puede oir en este bandcamp


Últimos dos cds de la serie MCO grabados con su unidad portátil y publicados en Hrönir

                                  Macromassa 1989 (Ignorant, Nubla, Crek), foto Albert Ramis


  Macromassa maniobrando el audiogenerador Duy en el Heliogàbal, 2012



         Concierto de Macromassa en el Festival Lem. Capella Ramon Llull 5-10-2019
                                 
                   


               Programa radiofónico realizado por Ed Pinset en Resonance FM dedicaco a Víctor Nubla