miércoles, 23 de mayo de 2018

Pythagoron TM y la contracultura cibernética de USCO




En su incansable búsqueda de rarezas discográficas el sello barcelonés Wah Wah Records editó el pasado año este disco de Pythagoron Tm, enigmático tanto por su autoría deconocida como por sus dos largas composiciones de una electrónica drónica y austera con leves impulsos rítmicos, un estilo muy singular para la ciudad donde al parecer se gestó el disco (New York) y para su época 1977, un año antes de que se creara en esa ciudad Lovely Music un sello más centrado en el minimalismo americano, aunque el disco que nos ocupa estaría más alienado (como dice Raül G. Pratginestós en la presentación del disco) a experiencias europeas como el primer Conrad Schnitzler o Eliane Radigue. Significar que el disco apareció en un sello propio como ocurrió en los setenta con otros rarísimos trabajos de sintetistas americanos como Steve Birchall o Nick Pascal, de este último Wah Wah Records acaba de editar su disco The Sixth Ear.

Pythagoron TM se anunció en revistas como High Times como una nueva técnica de producción en sonido con tonos y ritmos electrónicos que actuan como patrones de ondas cerebrales, un mensaje claramente cibernético que a bien seguro también recogería los Whole Earth Catalogs de Stewart Brand, colaborador habitual de USCO (The company of Us) una asociación  crerada por el poeta Gerd Stern, el pintor Stephen Durkee y el ingeniero y músico electrónico Michael Callahan quienes llevaron a Nueva York un experimentalismo comunal que habían desarrollado previamente en San Francisco, una contracultura cibernética influída por los escritos de Norman Wiener o Marshall Mcluhan, que derivó en permormances musicales con luces estroboscópicas y proyecciones de formas cinéticas, alternando lo lúdico y el tecnomisticismo.


                                                Imágenes creadas por Usco en el año 1965

                                   Ambientación de USCO para el Lincoln Center Film Festival

          La contracultura llega a los medios de masas, una acción de USCO en  la portada de Life


viernes, 11 de mayo de 2018

Joaquín Vaquero Palacios, la belleza de lo descomunal



La pasada semana finalizó en Madrid la exposición La belleza de lo descomunal, un acertadísimo título para exhibir la obra del arquitecto y pintor asturiano Joaquín Vaquero Palacios cuya obra arranca en los años veinte con un trasfondo utópico y futurista que en gran parte reorientó en su estancia en Nueva York entre 1928 y 1930 donde llegó a relacionarse con pintores como Edward Hopper o Lionel Feininger. A su regreso a Asturias una sucesión de encargos para fábricas, presas y centrales hidroeléctricas nos presentan unas obras de arquitectura brutalista con relieves ornamentados en hormigón y decorados interiores con esquemas electromagnéticos, la imágen perfecta para "l'elettricità dalle mille traccia folgorante i violette" del manifiesto de Marinetti "Contro la Spagna Passatista".

Pertenezco a una generación y escena de músicos que en los principios de nuestra trayectoria asistíamos ensimismados a la estética del maquinismo y la ruina industrial, recuerdo muy especialmente un viaje desde Bruselas a Düsseldorf donde uno quedaba asombrado de la inmensa central en los alrededores de Zwolle y que supongo sería el origen del nombre de De Fabriek vecinos de la localidad o de una repentina parada del tren en el ocaso del día en el sector de Duisburg ante una subestación eléctrica idéntica a la que aparecía en el interior del primer disco de Kraftwerk fotografiada por Bernd y Hilla Becher, auténticos exploradores de todo este paisajismo que ha tenido también en nuestro país representantes como Manuel Esclusa o Joan Fontcuberta sobretodo en sus ambientes nocturnos.

                                                                    Central de Miranda



        Central de Salime. Mural interior y Sofá-turbina, zona de descanso para los trabajadores

                                                          Dibujo de Nueva York, 1928





                                               Fotos blanco y negro. Fuente Lastra Arquitectos


martes, 1 de mayo de 2018

Erotismo aural




Uno de los últimos lanzamientos del sello barcelonés Marbre Negre está protagonizado por Daniel Sedcontra con una triple cassette llamada Aural Irrumatio que recoge extracciones y manipulaciones sonoras de vídeos pornográficos a través de unas secuencias repetitivas de una punzante e hipnótica sonoridad que habíamos podido apreciar en sus anteriores presentaciones en directo desde 2014. En una audición reposada y atenta, uno aprecia mejor una vociferación física que casi tiene más connotaciones con la música concreta que con la industrial, más habitual esta última a propuestas de amoralidad a través de sugerencias sonoras aderezadas con imaginería extrema. En definitiva una escucha que como bien dice Sedcontra "está destinada quizá a despertar al erotómano en el melómano y al melómano en el erotómano".

La incursión del gemido o suspiro erótico en la música concreta se puede encontrar en el disco Symphonie pour un homme seul de Pierre Schaeffer o en Les Danses Organiques de Luc Ferrari quien acudió a dos mujeres para que grabaran estos sonidos en el mismo estudio, lo que probablemente constituyó un acto de voyeurismo en toda regla. Otra compositora también adscrita al Groupe de Recherches Musicales como es Beatriz Ferreyra con Pas de 3 ou plus se adentró en estas sonoridades que han sido analizadas desde el punto de vista femenino y feminista por la compositora y ensayista Juliana Hodkinson en Making Sex Sound.

En un terreno alejadísimo del anterior, pero que sin embargo también se abastece del erotismo aural podemos señalar la reveladora cada vez mayor presencia de lugares en la red donde encontrar audio erótico o directamente porno, sus nombres lo dicen todo (Sounds of pleasure, Audible Porn o Aural Honey), una práctica que bien puede recordar muchos años antes en 1965 en un disco tan bizarro como era Tortura, The sound of pin and pleasure.










Cromagnon, Ritual feast of the libido. De su album Orgasm, 1969.