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sábado, 1 de febrero de 2025

Ximo Noguera - Lo que se nos pasó (Detalles sobre el industrial y experimental en España)



Hace escasos dos meses a raíz de la cassette de Marcelo Expósito The Lost Tapes publicada por el renacido sello de cassettes EGK realicé una entrada sobre este sello que contó entre sus lanzamientos gran parte de la música electrónica más marginal de este país centrada sobretodo en la edición de casettes. Coincidiendo con este lanzamiento y también centrado en gran parte en esa escena, hemos tenido a nuestro alcance el libro Lo que se nos pasó (Detalles sobre el industrial y experimental en En España) escrito por Ximo Noguera artífice del sello Industrial Complexx. Su autor, nacido a mitad de los años setenta, puntualiza como es obvio que no vivió esa escena pero que sobretodo a partir de blogs como Spain Pain, Hand Beanies y Wet Dreams comenzó a interesarse por muchos de los nombres allí mostrados. Este interés y su debilidad por la música post industrial marcan este libro que podría considerarse continuación de '40' aparecido hace cuatro años con motivo del cuarenta aniversario de Esplendor Geométrico en que aparecían como testimonios muchos de los nombres que también aparecen cubiertos en este libro a los que habría que añadir como novedad a Jordi Valls y el que esto escribe.

Haciendo juego con el título del libro habría que decir que en la época de que se ocupa fundamentalmente años 80, se pasó o simplemente se desconoció esta escena no solo entre el gran público sino también entre otros sectores musicales que podrían tener algún punto de encuentro tan diverso como la nueva ola incluso en su faceta más synthwave o el post punk. Algo más de recorrido tuvo entre los circuitos de improvisación e incluso del rock progresivo (me refiero más a fanzines). A destacar que a estos sonidos no solo se podía acceder por escondidos fanzines o radios piratas sino también medios de mucha mayor difusión como la semana del club de los ruidos en el programa Perfil del Ruedo en Radio 3 o la sección de casettes llevada por el añorado Guillem Castaño en Rockdelux.  Curiosamente al igual que ocurre ahora con Industrial Complexx serían revistas y sellos de techno como Florida o Self que a mediados de los noventa comienzan a interesarse por algunos de sus representantes que en una considerable cantidad habían dejado de hacer música.

A destacar del libro que gran parte de su contenido se basa en entrevistas que ha hecho el propio autor con músicos y artistas, de la misma manera que hizo en profundidad con su anterior libro Atom Tm El Virtuoso Inconformista sobre la trayectoria del músico alemán Uwe Schmidt. También valorar su atractivo diseño con una tipografía afín a la época y una impactante portada que bien podía haber estado en los insertos interiores de algún participante de la recopilación Amarga Cosecha del sello El Consumo del Miedo de Rafael Flores. Decir por último que toda esa escena estaba bastante descentralizada de las grandes capitales de este país, pese a eso como dice Ximo en el País Valenciano apenas había representación o medios salvo diría yo un fanzine como Editorial del Futuro Método, al menos de manera ocasional. Muy distinto es el panorama de hoy con sellos tan destacados como Abstrakce Records, Verlag System, Espacio Interior o el propio Industrial Complexx que anuncia como próxima edición nada menos que un disco de Merzbow.




Portada de la recopilación Resiliencia -Fundraising for Valencia. Iniciativa de Industrial Complexx 

                       Próximo lanzamiento de Industrial Complexx junto al sello sueco Blod



viernes, 12 de mayo de 2023

Jacques Attali , Ruidos. El carácter profético de la música, sus armas y su domesticación


Definir que es exactamente el ruido es complejo, si nos quedamos con los términos de uso que por ejemplo nos puedan dar diccionarios darían en unos casos conceptos de sonidos inarticulados y en otros no deseados pero siempre acompañados con el calificativo desagradable. Es evidente que esta es la idea que sostiene la mayoría de la población y cuando se presenta ya asociado a la música esta suele asociarse con perturbación y extrañeza. No obstante habría que preguntarse si en nuestro presente esta tensión no se ha adaptado ya en gran medida a nuestro entorno como predijo Jacques Attali en su libro de 1977 Bruits, Essais sur l'economie politique de la musique en que consideraba que "la música ya no se oye en silencio, se integra a una totalidad" a la vez que incidía en que "toda música, toda organización de sonidos es un instrumento para crear o consolidar una comunidad, una totalidad; es lazo de unión entre el poder y los súbditos y por lo tanto más generalmente un atributo del poder, cualquiera que este sea". En páginas posteriores veremos  que este poder se instrumentará a través de tres zonas estratégicas: hacer olvidar, hacer creer, hacer callar.

Es significativo que Attali escribiera Bruits durante 1976 justo el año cero del punk, no cita el movimiento en ninguna parte del libro, aunque si lo hizo en alguna entrevista televisiva de entonces, ejemplos de transgresión de la música si los expone en las manifestaciones y circuitos de free jazz, la catarsis decibélica y liberadora de Jimi Hendrix o de cambio de orden serial por La MonteYoung. "El ruido es un arma y la música es en sus orígenes, la realización, la domesticación, la ritualización del uso de esta arma en un simulacro de homicidio ritual". Ejemplariza de manera destacada esta dualidad incluso con la portada en la ciudad medieval, el uso de músicos para atraer a las ratas y el devenir del estado de una fiesta al de penitencia, del carnaval a la cuaresma.

La música para hacer callar cobra un papel determinante en el siglo XX, la música como mercancía y planificada  con la creación de Muzak y el hit parede participa del capital y en el espectáculo, es profética y su organización social su eco. El talento visionario de Attali es notable, le llevó no solo a colaborar como estrecho colaborador de François Miterrand  sino como analista y consultor de estrategias y riesgos de diferentes corporaciones y su radar profético y global se puede palpar en su libro Diccionario del Siglo XXI escrito en 1988 diseccionando el futuro de la geopolítica con sus hiperclases y virtualidades a través de un montón de palabras, conceptos y lugares con incluso algún guiño al postmodernismo describiéndola como "palabra comodín que se utiliza para designar el futuro sin correr el riesgo de aventurar un pronóstico", algo que él si hace por ejemplo con el término que nos ocupa: "Música: nuevos ruidos y nuevos ritmos arrollarán a todo lo que se oye hoy en día. No se tratará de una vuelta al ritual o al espectáculo, Tampoco a la música culta. Por el contrario, será una avanzadilla de la improvisación. Los nómadas urbanos crearán nuevos instrumentos -electrónicos o de artesanía- para una música instantánea, colectiva, accesible a todos, una música que romperá la barrera del aprendizaje."

Decir que el libro apareció en España a través de la legendaria editorial Ruedo Ibérico nada más un año después de su publicación quizás debido a que durante los años anteriores tuvo su sede en París. Una importante parte del ideario del libro está presente en el libro Noise&Capitalism publicado en 2009 por Arteleku y con Mattin como coeditor, en él también se interroga si el noise como género está obsoleto y su confluencia y dimensión política con los circuitos de improvisación y vanguardia radical. Siguiendo en nuestro país destacar también el libro de Susana López La Política del Ruido. El ruido como arma definitiva editado en 2013 a través de la Fonoteca SONM de Murcia. En él su autora acude a Jacques Attali en varias de sus páginas, alternándolo con los manifiestos de Luigi Russolo, los pensamientos de John Cage, la subversión de Fluxus o Throbbing Gristle o las percepciones de Francisco López o Peter Ablinger. Por último, el ruido nos anima este mes de mayo como proclama la portada del fanzine sectario zaragozano El Sueño desde un especial dedicado a él desde un artículo dedicado a su alucinante escena en Indonesia, (algún ejemplo también aquí hace uno años) más recorridos por la del norte de Europa, Bizkaia o el noise outsider y anónimo que toma las calles pulverizando todas las esferas de las músicas.





Jacques Attali. Ruidos, ensayo sobre la economía política de la música. Ruedo Ibérico 1978

                              

                                               Noise&Capitalism Arteleku 2009

            Susana López La política del ruido. El ruido como arma definitiva. 2013

 
Red Noise, agit rock con orígenes en la ocupación de la Sorbonne en 1968. En 1976 Patrick Vian grabó su único disco Bruits et Temps Analogues


Metal Urbain Panik. Punk parisino tomando el ruido de Metal Machine Music como punto de iniciación. Al comienzo de esta entrada la portada del grupo de Burdeos S.T.O.

Clock DVA - Sound Mirror bajo la inspiración y citas de Jacques Attali

Vídeo extraído del artículo El ruido tomando las calles. El Sueño 17

viernes, 3 de febrero de 2023

Javier Piñango I.R. REAL 10. Madrid en una travesía de reverberación entrecortada



Bomba eructante de sonido y respiración entrecortada, un pulso discontinuo abrumándose ya desde el inicio ante la pesadez mastodóntica de la maquinaria, que supura grasa, material inerte, el óxido que alimentará la peregrinación subterránea (y también a vivo sol mortal) por el Madrid que zancadillea en cada esquina traicionera...

Con esta semblanza de la Nave de Motores, legado del patrimonio industrial situado en el barrio de Pacífico Javier Piñango nos introduce a una travesía por Madrid de sur a norte a través de su música en forma de un disco compacto y textos suyos que acompañan diecisiete postales con fotos de Almudena Villar, todo ello presentado de una manera muy atractiva en una caja de cartón ensamblada y numerada a mano a cargo del sello Audiotalaia dirigido por Edu Comelles.

I.R. REAL 10 es el último lanzamiento de una serie que Piñango comenzó en 2010 en que la instrumentación electrónica centrada en el sintetizador Korg MS 20 ha compartido presencia con entornos digitales y procesamientos de grabaciones de campo, sin embargo en los últimos lanzamientos el protagonismo de este icónico sintetizador se ha hecho casi absoluto con un meticuloso proceso de musicalización del ruido que traspasa su momento de origen y que denota una profunda autoescucha. A este respecto es muy ilustrativo como lo explica el  propio músico en una entrevista al imprescindible La muerte tenía un blog: "He aprendido a desaprender a tocarlo para centrarme en su manipulación como generador sonoro y el trabajo exhaustivo en la exploración de los límites y posibilidades sonoras del mismo". 

Javier Piñango comenzó con el Korg MS 20 en 1981 y como varias veces él ha apuntado, es el sintetizador que más relación pudo tener con el punk, primero lógicamente por su año de lanzamiento (1978) y también por su acceso y maniobrabilidad no ajena a la exploración. Esta fascinación por el instrumento lo podemos encontrar por ejemplo en los músicos más furiosos de la incipiente neue deutsche welle más diletante como Chrislo Haas, Robert Gorl, o Kurt Dahlke (Pyrolator) y de una manera más intimista pero no por ello menos intensa en Maurizio Bianchi en sus primeras grabaciones también en el mismo período de años. Por otro lado es de destacar su fidelidad y concentración a este instrumento lo que le permite sondear todas las posibildades de su síntesis sustractiva. Esta dedicación exclusiva a un sintetizador ha tenido notorios trabajos en trayectorias de gente sospecho muy admirada por él como las de Morton Subotnick con sus sistemas Buchla 100 o Allen Ravenstine (Pere Ubu) con el EML 100.

Hablando de síntesis sustractiva, el modelado de ruido filtrado de I.R. REAL 10 es quizás más pausado que otros trabajos de la serie, lo que unido a que la duración de sus 17 temas en ningún caso rebasa los cinco minutos hace su escucha más complaciente en temas como Hotel Mediodía o Frontón Beti Jai mientras en otros su panel de conexiones nos lleva a inquietantes sonidos parejos a un cataclismo de decadencia urbana, podríamos hablar de un trasfondo de romanticismo lacerante que las fotos de Almudena Villar acentúan en su percepción. En este sentido, es bueno recordar que el origen de la práctica fotográfica de ella está en las excavaciones arqueológicas y muchas de estas instantáneas nos sitúa en la arqueología del futuro como los túneles mortuorios de Azca, lo que fue símbolo de la modernidad de los primeros ochenta un poco al estilo de La Defense de París, ahora parecen lo que Peter Handke describía como vestíbulos subterráneos que parecen más vacíos que una piscina sin agua. Zona expandida de tecnocracia video vigilante hacia Las Cuatro Torres donde en cualquier momento se nos advertirá de que queda prohibido fotografiar.

La travesía de Javier y Almudena nos lleva a muchas estaciones, puntos de partida de caminos de hierro como definían las primeras compañías a los antiguos servicios de trenes, otras son las estaciones fantasma que en sus años de utilización llenas del bullicio que ahora se puede encontrar en puntos como Callao, lugar que también encontramos en una postal, la única que vemos con personas, pero extrañamente a diferencia del trasiego habitual en este sitio estas permanecen estáticas, camufladas entre sus mascarillas con un letrero gigantesco de recomendación de higiene tras ellos; tiempo paralizado y un revelador testimonio de la época pandémica en que comenzó a gestarse el proyecto, un contratiempo por el que no desfallecieron y en el que Javier Piñango se enfrentó con su autoexilio a través de las envolventes de ingravidez narcotizante que podíamos oir en I.R. REAL NUEVE.

El pasado día 27 de Enero el disco tuvo una primera puesta de largo en el Convent de Sant Agustí gracias al colectivo 4' 33'' Cafe con un concierto suyo precedido por una presentación conjunta junto a Almudena Villar en que no pudieron olvidar la figura de Juan Antonio Nieto quien les alentó en este proyecto a quien esta dedicado tras su pérdida el año pasado. Los habituales a las sesiones de Cabeza de Topo no podrán olvidar que en su anterior edición el compartió cartel junto a Javier. En esta ocasión también estuvo muy bien acompañado por gente como Enrique del Castillo o Dani Blue que apenas dos meses atrás había realizado un completísimo especial sobre su trayectoria en su programa Resonancias de Tesla FM.  

Mientras Javier Piñango nos comenta su relación de amor odio ante un Madrid esperpéntico, la fotografía del viaducto de Bailén atrae mi atención, es uno de los puntos fijos cuando uno deambula por la ciudad pese a la mampara de metacrilato que el ayuntamiento ha puesto para que la gente no se lance al vacío como pretendía hacer la protagonista de Cielo Negro en una de las escenas más memorables del cine de este país con un tiznado visual de algodón pólvora que también podemos apreciar en algunas de las fotos de Almudena. En el reverso perteneciente al viaducto leemos "ingeniería de dominación y aparición crepuscular saludando desde el epicentro del vacío...". Abandonemos este lugar y vayamos para despedirnos a la escucha más placentera de Frontón Beti Jai: "No se sabe cómo ni por qué pero Madrid se hace frontón y eco de sonidos que golpean paredes en repetición".



    Nave de Motores, Azca-Túneles y Callao. Fotos Almudena Villar




                        Enrique del Castillo. Foto Isabel García

            
    Dani Blue y Javier Piñango. Fotos Ale Veloso


sábado, 21 de enero de 2023

Gilles Deleuze, hacer audible lo inaudible




Poco después de la muerte del pensador francés Gilles Deleuze en 1995 nos vimos sorprendidos al año siguiente por la aparición de dos recopilaciones que rendían tributo a su legado: In Memoriam Gilles Deleuze publicada por Mille Plateux y Fold&Rhizomes for Gilles Deleuze a cargo de Sub Rosa, algo que tenía su lógica pues los dos directores de estos sellos Achim Szepanski y Guy-Marc Hinant tenían estudios universitarios de filosofía y ambos militaban en dos formaciones destacadas de la escena experimental europea de los primeros ochenta como eran P16 D4 en Alemania y Pseudo Code en Bélgica. Sí que hay un pequeño matiz y es que Deleuze tuvo una implicación más directa en la recopilación de Sub Rosa ya que tras conocer en París a Hinant este le mandaba envíos de formaciones que pensaba podían interesarle habida cuenta que su única relación conocida con la escena electrónica experimental es la que mantuvo en los setenta en París con Richard Pinhas con quien incluso grabó el tema Le Voyageur para su formación Schizo, proyecto paralelo de Heldon que luego también incluiría este registro en su disco Electronic Guerrilla, un hecho que en momento de aparecer los cds para mi asombro apenas se comentaba, quizás por el distanciamiento entonces de esta escena de estriada microelectrónica con alguien adscrito al rock progresivo que sin embargo era mucho más amplio de horizontes como luego se vio con colaboraciones que alcanzan a Merbow o al propio Achim Szepanski.

Siempre que hay discos de tributo surge la duda de la implicación o conocimiento del participante con el homenajeado, es de destacar que en ambas recopilaciones coinciden tres nombres: Mouse on Mars, Oval y Scanner, en esta caso especialmente las dos últimas si parecen estar en consonancia con las topografías de longitud y latitud sonora, un mapa de velocidades, intensidades, umbrales y llanos que descubrimos en su libro Mil Mesetas, el rizoma, la desterritorialización, la  alternativa al lenguaje unidereccional, el devenir imperceptible, las estancias nómadas y para los que estamos en el territorio musical cobraba una especial significancia el capítulo del Ritornelo, el sub-canto de las notas extrañas o añadidas en el agenciamiento de una máquina.

Dos libros a principios de este milenio nos ayudan a discernir los flujos del cosmos sonoro de Gilles Deleuze: Les LArmes de Nietzsche, Deleuze et le musique escrito por Richard Pinhas y en el 2006  en Italia (un año después del imprescindible Scultori Diu Suono de Daniela Cascella) Millesuoni Deleuze Guattari a cargo de Emanuele Qinz y Roberto Paci Dalò  recientemente editado en español como Mil Sonidos por la muy interesante editorial Tercero Incluido. En él los anteriores citados Guy Marc Hinant y Achim Szepanski junto a otros músicos, artistas e historiadores nos transmiten como plantea Deleuze a trazar una cartografía de las disonancias y las alteridades para tener una percepción rítmica, conceptos útiles para los músicos especialmente los más jóvenes ávidos de inputs que puedan dar sentido a la inmediatez de las nuevas tecnologías, muchas veces apenas novedosas con respecto a los casi treinta años pasados de estas recopilaciones marcadas por el apogeo entonces de prácticas como el muestreo, el glitch digital, los clicks&cuts o términos ya casi olvidados como "illbient". Alguien podrá decir que son clichés pero hay que reconocer que si apenas han habido avances desde entonces si lo comparamos con treinta años antes de 1996 la diferencia es sustancial, por supuesto hablando siempre en este tipo de escenas; si nos vamos a los cursos de conservatorio apenas ha interesado Deleuze pese a conferencias tan importantes como la que impartió en el IRCAM de París a instancias de Pierre Boulez y Jean Claude Rissett con coetáneos como Roland Barthes o Michael Foucault entre la audiencia.

Sí cuando aparecieron In memoriam of Gilles Deleuze o Filds&Rhizomes pensaba en Richard Pinhas como músico más cercano al filósofo francés tampoco podía olvidar a Santiago Auserón, es asombroso que ambos compartieron sus clases en el centro universitario de Vincennes. Cerca del recinto madrugaba por las mañanas junto a su pareja Catherine François paraasistir a sus clases e incluso en una ocasión le pidió consejo acerca del inminente proyecto de Radio Futura que afrontaría a su regreso a Madrid. Poco antes en el tiempo seminal de la "premovida" sus artículos en Disco Express de ellos junto a su hermano Luis y pareja Monste Cuní con el seudónimo de Corazones Automáticos,  un aparato de captura de música moderna sin rostro en términos deleuzianos como también lo eran los llamados pintores esquizos de la figuración madrileña de los setenta, ciudad que albergaría  un pronto homenaje al año siguiente del fallecimiento de Deleuze en el que no podrían faltar el propio Santiago Auserón y José Luis Pardo, ambos dos años antes habían también participado en el imprescindible número de la revista Archipiélago dedicado a él en que este último escribe Y cantan en llano del que reproduzco un extracto:

En los límites de la imaginación se adivina una especie de ruptura de la armonía, un límite de las consonancias en el que la naturaleza sonora, al complicar sus ritmos, abandona su estructura musical para devenir caos, sonido desmedido, inmenso, ruido desordenado, dolor y no ya placer de los sentidos, estridencia insoportable o silencio exasperante. Como si se tratase de una cantinela compuesta de silencios, de intervalos, un estribillo cuyas notas fueran exactamente lo que no se puede oír, lo que está entre una nota y la siguiente o la anterior, el rumor inclemente de la tempestad, de la gran ola en cuya corriente se insertan las cancioncillas, el fondo amorfo en que los instrumentos troquelan las formas y las figuras, los espacios y los tiempos. La naturaleza sigue sonando, pero su sonido ya no es música sino ruido; o en el mejor de los casos, es ritmo, ritmo puro sin melodía, variedad sónica que, en el límite y aun en los límites de lo audible, puede contener infinitas desigualdades temporales.


Imágen cristal. Gilles Deleuze y la portada del disco de Fripp&Eno a quienes vio en su concierto del Olympia de París a sugerencia de Richard Pinhas.





Portadas de los discos tributos a Gilles Deleuze y otros dos puntos de contato los lanzamientos previos  Chaos in Expansion (Sub Rosa) y Modulation & Transformation (Mille Plateaux)

Schizotrope, lecturas y música de Gilles Deleuze y Norman Spinrad a cargo de Maurice Dantec y Richard Pinhas





sábado, 26 de noviembre de 2022

El órgano que habla. Fantasmagorías de oscilación electromagnética.




La reciente aparición del libro de Wade Matthews El Instrumento Musical: Evolución, gestos y reflexiones en Turner Música supone una exploración y detallado recorrido de la relación entre el instrumento y la música desde sus orígenes antropológicos y mitológicos hasta la época contemporánea marcada por los primeros días de la música por ordenador y todas las experiencias de alterar el sonido generado electrónicamente, siendo una de estas primeras la síntesis aditiva. Es en este ámbito cuando el autor nos descubre dos fascinantes contextos de aplicación, los estudios de música electrónica de la WDR en Colonia y un restaurante de la ciudad de México. En el primero Karlheinz Stockhausen obtenía unos resultados no muy satisfactorios en las perspectivas que tenía en sus obras Studie 1 y 2, en el segundo varios organistas ciegos ocupados con órganos Hammond llevaban su propia investigación de fonética experimental fuera de los circuitos de vanguardia en un restaurante agrupados como el Club del Organista, sus nombres Luis Fernando Zepeda, Tito Enriquez y Ernesto Hill Olvera, siendo este último quien conseguiría una mayor fama.

Ciertamente, los logros que consiguió Hill Olvera son espectaculares, la amenaza de despido del dueño donde tocaba sino añadía su voz al órgano le llevó a explorar toda la interacción electromagnética a través de la manipulación de todos los circuitos internos, derivando todo ello en una percepción fantasmagórica como de hecho demuestra el retroceso de varios espectadores nada más comenzar El Reloj, su primera pieza del repertorio. Poco a poco su figura aumentó de fama apareciendo en varios espectáculos de variedades en la capital y apareciendo en películas como Música de siempre junto a nada menos que Édith Piaf, Amália Rodrigues e Yma Sumac. Sin embargo, muy poco después problemas personales le llevaron a un estado de pobreza y olvido falleciendo a los treinta años.

Dos décadas antes, poco después de que el órgano Hammond fuera desarrollado (1935) este halo de belleza y misterio que el instrumento podía ofrecer fue aprovechado por Rosa Río para el drama radiofónico The Shadow producido por Orson Welles o unos años más tarde en la aparición de Korla Pandit con su turbante blanco en el primer programa musical que hubo de televisión en 1949 con sus sonidos exóticos e hipnóticos. Es significativo que en una entrevista incluida en el segundo libro de Incredible Strange Music él declaraba como la compañía Hammond le invitó para que viera los experimentos que estaban desarrollando en la Universidad de Chicago, su percepción era que esa evolución había llegado a un instrumento que no identificaría ya como un órgano sino más bien con las características de un sintetizador. De nuevo vemos los caminos cruzados de la experimentación de la más lúdica al más innovador de vanguardia como era la que en esos momentos estaba haciendo Harald Bode en Alemania con instrumentos como el melochord que luego formaría parte de los estudios de la WDR en Colonia. Esta envolvente técnica y sonora tendría un recorrido en el país que podía arrancar con Stokhausen hasta llegar incluso a Kraftwerk, uno de sus instrumentos más reconocibles como es el vocoder no deja de ser un sintetizador de voz o dicho de otra manera ralacionado con el espítitu de esta entrada un teclado parlante; bueno sería recordar que Ralf Hütter en los años 60 tocaba el órgano Hammond en un grupo llamado The Phantoms.




    Ernesto Hill Olvera en las películas Música de Siempre y Besos Prohibidos

                                                         Rosa Río, Fox Theater 1934

Hammond on Radio. Rosa Río y The  Shadow de Orson Welles  (Fuente: Village Voice)

                                                Harald Bode probando el Melochord

     Ralf Hütter con 19 años tocando el órgano Hammond con The Phantoms, 1965



Luis Fernando Zepeda, Bésame mucho. Una canción escrita por la pianista Consuelo Velázquez, emblemática en todo el acervo musical de Méjico, versioneada desde Esquivel a su inclusión en Santa Sangre de Alejandro Jodorowsky. Internacionalmente también multiversioneada desde The Beatles a esta de Yasuaki Shimizu, seguramente por su voz inspirada en la de Luis Fernando Zepeda.


miércoles, 26 de octubre de 2022

Confidencias ante el colapso desde el libro de David Granda Planes para conquistar Berlín



En 1985 visité Berlín por primera vez, de aquellos días guardo un especial recuerdo de cuando acudí al Café Mitropa, por entonces junto al Risiko uno de los sitios de encuentro de la escena post punk berlinesa y de toda la agitación de Geniale Dilletanten entre los cuales quizá esperaba encontrarme con gente de la banda Sprung Aus den Wolken con quien tenía contactos a través de Krishna Goineau como su líder Kiddy Citny o Thierry Noir autor de las primeras pintadas del  histórico muro que yo había visitado pocas horas antes, un sitio que sin duda dejaba huella . Este lugar de encuentro era peculiar, pues se alternaba esta escena con gente más normal que simplemente se iba a tomar un café con leche, quizá por ello sorprendía una luz tan blanquecina que acentuaba la palidez facial de muchos de los clientes, una extraña mezcolanza que también había vivido días antes en el Café Slavia de Praga en este caso personificado por disidentes, escritores, bohemia hippie, punks o gentes de embajadas como una persona de la norteamericana que se nos presentó en la mesa como insólito y desconcertante anfitrión. Para conectar estas dos ciudades un recorrido que en coche supone poco más de tres horas pero que en nuestro caso se extendió bastante más ante el parón provocado por el cruce en la ciudad de Dresde de varios convoyes de unas maniobras del Pacto de Varsovia con algunos de sus ocupantes mirando con seriedad nuestro Seat 127 entre los Traband alemanes. Al declinar el día punto final del recorrido al lado del Europa Center ya en Berlín occidental, la estrella del neón azul de Mercedes Benz me hacía recordar al instante el Heroes de David Bowie sonando en la película Christiane F.

El libro Planes para conquistar Berlín de David Granda editado por Libros del K.O. me ha servido a nivel para refrescar la memoria sobre el lugar, pero sobre todo para conocer los entresijos que la Stasi, servicio de inteligencia de la RDA tenía para rastrear el underground del país y especialmente el movimiento punk. De todo ello puntualmente ya sabiámos pero la novedad es que David Granda nos ofrece insólitos detalles a través de los informes que los archivos de la Stasi a que ha tenido acceso después de que acudiera en primera estancia a ellos para recabar sobre los que constaba las actividades de David Bowie a raiz de su concierto junto al Reichtag en 1987 que provocó altercados al otro lado del muro. A consecuencia de estas consultas, el autor descubre que ese mismo año se celebra en la iglesia del Mitte berlinés oriental de Zionskirche un concierto conjunto de la banda alemana occidental Element of Crime (disco en Ata tak) acompañados por el grupo punk local Die Firma. El evento finaliza con un asalto skinheads neonazis. En capítulos posteriores el lector descubrirá atónito que el cantante (Frank Trüger) y la bajista de la formación (Tatjana Besson) eran confidentes de la Stasi, con ella el autor tiene una reveladora entrevista como también con muchos de los personajes que aparecen en este libro coral cuyo "dramatis personae" reúne a sesenta personas: artistas, activistas, periodistas, fotógrafos, disidentes, detectives, escritores, políticos y músicos como David Bowie, Nick Cave, Gudrun Gut, Nico, Hans Joachim Roedelius, el mísmísimo Víctor Manuel o Blixa Bargeld del que se recogen unas sorprendentes declaraciones en relación a su nulo interés en cruzar la frontera a Berlín Este ante su complejidad, toda una paradoja para el destacado miembro de Einstürzende Neubaten, banda venerada al otro lado del muro a través de las ondas radiofónicas, casetes o como pasaba con otras formaciones discos que traían los jubilados (a los que se les permitía en tránsito entre sectores) camuflados con portadas de Abba.

Las autoridades comunistas decidieron confinar el punk al círculo disidente de las iglesias protestantes, lo veían como un fenómeno invasor, algo parecido a lo que sucedía en Euskadi a finales de los setenta con la izquierda abertzale que sin embargo luego intentaron reconducir. Es en estos circuitos cuando en el colofón del libro aparece la figura de Mark Reeder antiguo amigo de los miembros de Joy Division que tras su traslado de residencia a Berlín decide montarles un concierto en la ciudad, al día siguiente visitarían el lado este que Reeder comenzó a frecuentar organizando conciertos o produciendo discos para un grupo muy influenciado por los de Manchester como Die Vision cuyo cantante fue también colaborador de la Stasi. Reeder se movía con gran soltura en el Berlín oriental pese a que en el otro lado se paseaba con uniformes nazis, algo que parecía no inquietar en demasía en los informes de la Stasi que lo calificaba como decadente subversivo. No es de extrañar que todo su periplo diera lugar una película, ni tampoco los rumores acerca de su pertenencia a la agencia de inteligencia exterior del Reino Unido, el M16, algo que no sería de extrañar  como reconoció una experta en espionaje a David Granda. Este tipo de indagación hace que el libro atrape enormemente no solo por su historia sino por las vivencias y derivadas que el autor habrá vivido en el curso de su acceso a los expedientes.

                                             David Bowie en Berlín Este

                                           Tatjana Besson, cantante y bajista de Die Firma
              

El ambiente de los conciertos de Berlín oriental captado por Harald Hauswald, su fotógrafo más representativo.

Nina Hagen con su padrastro el cantante y disidente Wolf Biermann vigilados por la Stasi a principios de los setenta.

    Un ejemplar deIch und mein staubsauger, destacado fanzine de Berlín Este

                                                 Café Mitropa, 1980. Foto Hildegard Ochse

                                            El muro de Berlín con pintadas de Thierry Noir