sábado, 12 de junio de 2021

El París musical emulsionado por Robert Doisneau


Había algo etéreo en la manera de tocar de Johnny Hodges, algo inexplicable y perfectamente sensual. La sensualidad en estado puro, desprendida del cuerpo. Las esquinas de la habitación se modificaban redondeándose, como efecto de la música. Ahora Colin y Chloé reposaban en el centro de una esfera.

Boris Vian, L'Écume des jours


Exterior e interior de Le Tabou, cabaret existencialista donde poder ver actuar a Juliette Gréco o Boris Vian. Fotografías de Robert Doisneau, 1947.



                                          Portadas de discos con fotos de Robert Doisneau




La cámara de Doisneau enfocando tanto musícos o cantantes reconocidas como anónimos ambulantes (Arriba Pierre Schaeffer y Juliette Gréco)


domingo, 23 de mayo de 2021

Juan García Castillejo, invenciones, revelaciones y profecías de la música eléctrica


"Ahora un soliloquio !!!Música!!!...!!!Música!!! y todo en una lámpara". Esta frase que podría parecer extraída de las greguerías onduladas de Ramón Gómez de la Serna pertenece a otro ilusionista de la escritura de muy diferente ámbito al escritor madrileño, se trata del clérigo Juan García Castillejo y está extraída de su libro La Telegrafía Rápida-El Triteclado y la Música Eléctrica. Publicado originalmente en Valencia en 1944, recientemente ha sido reeditado por Francisco López y la Fonoteca SONM de Murcia en una cuidadísima edición facsímil acompañado por otro pequeño libro donde Rubén García y Llorenç Barber nos introducen al escritor desde el recuerdo de emoción e intriga que supuso su hallazgo en librerías de viejo, este último lo compara al descubrimiento del libro Música y Máquina firmado por Fred K. Krieberg y editado por Ediciones Zeus en 1964, también lo fue para mí en una de las librerías de viejo en la calle Aribau.

Los primeros capítulos del libro están centrados en el avance que supuso el uso del morse y el sistema Baudot, sus aplicaciones y manipulación le llevan a la creación del triteclado enlazándolo con posibles invenciones que ofrece todo el espectro radioeléctrico como pulsaciones y descargas de lámparas de neón unidas a un oscilador para hacer música eléctrica. Su imaginación es desbordante "el filamento incandescente como el rojo de una hermosa flor, empieza a exhalar el aroma de los electrones; la placa pituitaria acoge esos electrones en fragancia y queda establecido un contacto permanente entre la roja flor del filamento y la placa, mientras ambos, filamento y placa estén en ignición". La naturaleza en contacto con las invenciones eléctricas aparecen de nuevo cuando sugiere hacer música submarina con peces accionando un theremin o ranas sensibles a los campos magnéticos y que movieran con sus manos ese instrumento. Fantasías dignas de Raymond Roussel que además nos dan pistas de que Castillejo estaba al tanto de algunos de los novedosos instrumentos de la época, no solo del theremin sino también del trautonium, las ondas martenot o el órgano de fuego.

Como le ocurrió a Rubén García, adivino que Francisco López se quedaría asombrado cuando leyó su capítulo Vibraciones Irregulares en el que el autor relata las posibilidades del mundo de los ultrasonidos, las vibraciones lentas o las microvibraciones de los insectos o del fondo del mar, ondas etéreas a captar para sustituir a nuestros ojos atrofiados, fosforescencias para conciertos eléctricos, prodigios y misterios de un mundo inexplorado que nos llevará al deleite con la mecánica ultramicroscópica de un futuro que también será el de la electrificación definitiva de la música moderna. Estas revelaciones nos llevan  irremediablemente a ver la sincronía con muchas proclamas del movimiento futurista, la espiritualización mecánica de Castillejo no sería bien vista en principio por los futuristas habida cuenta de que deploraban la Iglesia, pero curiosamente varios de sus representantes evolucionaron hacia una espiritualidad hasta el punto de redactar en 1931 el manifiesto del arte sacro futurista. En otro plano, aunque también en el medio religioso, el abad francés Jean Rousselot creaba una fonética experimental para trastornos auditivos para lo que se hacía servir unos laboratorios de grabación con presencia destacada del quimógrafo, un aparato que quizá si pudo conocer habida cuenta de que circulaban algunos por España como demuestra la colección que conserva el Laboratorio de Fonética del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

La segunda parte del libro gira en torno a su invención más destacada el Aparato Electro Compositor Musical, la vitalidad de la música eléctrica a través de osciladores reemplaza a al sonido mecánico de las pianolas aún en sus versiones más aventuradas, los conceptos clásicos de la armonía disminuirán en favor de la disonancia, todo ello unido al dominio de los electrones hará en palabras de Castillejo a llevar a un nuevo campo para el desarrollo de la música como es el Autocompositor Musical que obtendrá de su instrumento la posibilidad de una combinatoria que suceda del azar que permita un gran grado de improvisación. A esta clarividente predicción habría que añadir las posibilidades compositivas que da al gramófono como estaba ocurriendo con la música concreta de Pierre Schaeffer.

En el capítulo dedicado al futuro de la música eléctrica nos vuelve a asombrar con esta predicción sobre la utilización del efecto de Voz Humana: "Por fin resultará asombroso su estado de apogeo, cuando ciertos dispositivos sintetizadores recompongan elementos analíticos y podamos reconstruir una bella voz como la de Fleta para el canto y una máquina parlante para discursos con la sola manipulación de teclas o botones". A algunos les parecerá disparatado pero treinta años después en el tema Radioaktivität de Kraftwerk encontramos en el núcleo de su instrumentación dos pasiones de Castillejo, la utilización del morse como impulso rítmico y la Vox Humana obtenida a través del Vako Orchestron, un instrumento heredero del Optigan, artilugio que bien podía haber desarrollado nuestro protagonista habida cuenta de los conocimientos que había adquirido, de hecho una firma de Barcelona interesada en añadir a sus órganos unas prestaciones de efecto de voz humana diseñadas por él, no llegaron a ningún acuerdo,  manifestándoles "yo llevo sotana, no quiero ganar dinero". Años más tarde moriría en la pobreza, sus aparatos acabaron en una chatarrería y una casete en que daba instrucciones para la construcción de sus inventos desapareció. No tuvo la suerte de José Val del Omar, otro mecamístico con muchos puntos en común incluida su estancia en Valencia mientras se escribía este libro, de él se pudo salvar gran parte de su legado pese a haber estado en un gran olvido durante muchos años. La labor de investigación y difusión de gente como Llorenç Barber de las músicas sumergidas a nivel nacional y local ha hecho posible el reconocimiento de Juan García Castillejo acentuado con los premios que desde 2008 se conceden con el nombre de Premi Cura Castillejo al propondre més foragitat.


                                                    Tres ilustraciones del libro

 
                                                   Aparato Electro Compositor Musical

Thomas Whilfred y su Clavilux una de las invenciones paralelas al mundo de García Castillejo

                    Wendeim Weissheimer tocando el órgano de fuego o pirófono

             Charles Tournemire tocando el órgano de ondas en una iglesia francesa

                                         El abad Jean Rousselot con un quimógrafo



El sonido transmitido en la distancia. Arriba: El coro y el órgano de una iglesia en Washington ideado por Hugo Gernsback. Debajo:  Uno  de los 35 altavoces del Circuito Perifónico en Valencia desarrollado por José Val Del Omar.

Juan García Castillejo mostrando uno de sus instrumentos


lunes, 10 de mayo de 2021

Le Rachdingue, la discoteca surrealista


El estreno en el pasado año del film Nou Set Dos permitió recrear o dar a conocer según fuera el caso la vibrante escena musical gironina en el ámbito de la música electrónica de baile o si prefiere de eso que se ha llamado cultura de clubs en un período que habría que situarlo entre finales de los ochenta y los primeros noventa y en dos enclaves fundamentalmente, La Sala del Cel en la ciudad de Girona y Le Rachdingue en Vilajuïga (Alt Empurdà). Ambas salas con sus particularidades propiciaron catárticos live acts complementados en ocasiones con videocreaciones o performances de carácter lúdico, una fórmula de la que en gran medida luego los que fueron artífices del Sónar tomaron nota en varias de sus visitas.

Habiendo sido testigo de ambas salas me gustaría centrarme en Le Rachdingue, ya que en esa época la visité en ocasiones al pasar varios veranos en la cercana localidad de Roses, en alguna ocasión acudí junto a la experimentada raver Pili Llorens y también en un inolvidable encuentro con Toni Huertas Cos después de ver aparcada su Harley Davidson verde esmeralda frente al Hostal Xavi de Vilajuïga, dos personas que bien podrían significar el característico ambiente que podías encontrar en el lugar, trance cyber punk y derivadas neohippies con marcados influjos surrealistas, no en vano la discoteca fue apadrinada en su inauguración de 1968 por Salvador Dalí, amigo del escritor francés Henri François Rey de cuyo libro Le Rachdingue publicado el año anterior la discoteca cogió su nombre. No hay que olvidar que en otro extremo de Vilajuïga se encuentra el Castell de Quermançó lugar donde Dalí quería construir un órgano cuyo sonido fuera accionado aleatoriamente por la fuerza de la tramuntana y se expandiera al exterior.

Recuerdo especialmente de la primera vez que acudí las reproducciones de las serigrafías de la silla eléctrica de Andy Warhol que había junto a las taquillas, los collages y objetos reciclados de su propietaria Miette junto al fondo transparente de la piscina interior y los potentes focos de luz orientados a la Bahía de Roses, un decorado que bien podía encontrarse en  Low Flying Aircraft, el libro de J.G. Ballard que contiene pasajes de una particular cosmología ampurdanesa que gravitaba desde el Aeródromo de Empuries al Club Mediterranee, un territorio que bien conocía el escitor inglés habida cuenta de sus estancias veraniegas junto a sus dos hijas en la urbanización Santa Margarita de Roses en los primeros setenta. Pese a la proximidad no hay constancia de que visitara la discoteca, pero sí se asegura que lo hizo Mick Jagger, como también el Bar L'Hostal de Cadaqués algo probable habida cuenta de su amistad con Desmond Guinness cuya saga familiar posee una envidiable casa en la población.  Adelantándonos en el tiempo la sala ha vibrado con representantes del techno de Detroit como Richie Hawtin y Carl Craig o en más de una ocasión con el electro- italo disco de Alexander Rubotnick, escuchar allí temas suyos como Problèmes d'amour o Dance Boy Dance en una noche de San Juan tuvo que ser una delicia.

               Portada original del libro Le Rachdinghe de Henri François Rey. 1967

                                                  La discoteca en sus comienzos

    Le Rachdinge, sesión de realidad aumentada (Bahkti y Pili Llorens). 1991






Nou.Set.Dos. dirigida por Albert Domenech y Òscar Sanchez, premio del público en el pasado Festival In-Edit

miércoles, 28 de abril de 2021

Rodion G.A. Música relámpago de Transilvania

A principios de los años ochenta empecé a sentir mucha curiosidad por la música que se estaba haciendo en Europa del Este en eso que se llamó los países del telón de acero. A cuenta gotas de vez en cuando podías ver reseñas de Chris Bohn en NME y la revista Eurock fundamentalmente con grabaciones que llegaban en grupos de rock progresivo o experimental como los checos Plastic People of the Universe, una senda que luego siguió el sub sello de Recommended Records Points East. En un ámbito más cercano la recopilación Fix Planet recogió también incursiones de varias formaciones de ese área, no en vano sus editores Der Plan siempre han sondeado los circuitos allí existentes. De la antigua Unión Soviética sí dispuse de algunos discos que me mandaba Emilia Loseva colaboradora ocasional del grupo ZGA en Riga. Curiosamente de Rumanía a pesar de la tibia apertura que otrogó el "conducator" apenas rastros y eso que en los primeros días de nuestro grupo Xeerox compramos en la tienda Iber Musical una vetusta caja de ritmos procedente de ese país donde sin embargo si estaban operando con un considerable número de seguidores Rodion G.A. el grupo que protagoniza esta entrada.

En todos estos circuitos apenas habían referencias de Rodion G.A. el grupo que en 1977 Rodion Ladislau Rosça había creado en Cluj en la región rumana de Transilvania, sus años de actividad finalizan en 1983 aunque su líder siguió activo hasta la muerte de su madre en 1989, un hecho que le marca profundamente hasta el hecho de apartarse por completo retirándose a un entorno profundamente rural viviendo no obstante como especialista en detección de radiología industrial. Será casi tres décadas después cuando los rastreos en internet les lleva al colectivo rumano Future Nuggtets y al sello británico Strut a recuperar en forma de larga duración gran parte de sus grabaciones. En ella podemos apereciar bajo una instrumentación rock unas envolventes de gran profundidad de flangers y ecos alcazando muchas veces una gran distorsión que contrasta con una electrónica desenfadada surgida de órganos de juguete rusos posteriormente modificados y alterados a través de potentísimos altavoces que a menudo ellos mismos tienen que reparar. Las influencias que Rodion cita en entrevistas abarcan desde clásicos del rock progresivo a formaciones como Aphrodite's Child, Magma o Goblin, discos que le llegaban a través de viajes al extranjero de amigos suyos. Sin embargo como ocurre con muchas formacines de Europa del Este estas influencias conviven espontáneamente con otras que pueden ser la psicodelia, el kraut rock o la new wave. Estas colisiones eran más extrañas en el rock anglosajón llevando a sus practicantes en ocasiones al campo de casi outsiders como pudiera ser el caso de los norteamericanos The Parasites of the Western World. Esta mezcolanza puede verse en su impagable aparición en la televisión rumana en la despedida del año 1981.

Las sonoridades de Rodion G.A. sugieren la exaltación de la tecnología que mostraban los países de la Europa del Este como bien podíamos apreciar en la feria barcelonesa de Sonimag unidas a una especie de celebración balcánica, todo ello controlado por la Securitate rumana y el Comité de Educación y Cultura Socialista que sin embargo en momentos de mayor apertura permitió una escena musical experimental eso sí siempre bajo el manto de edición Electrecord el único sello permitido del país donde incluso grabó quizá su figura más radical y destacada Iancu Dumitrescu.

Al cerrar esta entrada descubro por sorpresa que hace escasamente un mes ha fallecido Rodion Ladislau Rosça en pleno momento de reconocimiento de su trayectoria como muestra sus actuaciones de hace pocos años en el Café Oto londinense o en el CTM/Transmediale berlinés además de una película sobre su persona.



Fotos de Rodion G.A. A destacar las dimensiones de los altavoces modificados por ellos mismos o el magnetófono adicional en el suelo.



                                               Los dos discos disponibles de Rodion G.A.




Varias producciones rumanas de músicos cercanos o admirados por Rodion. Todos ellos publicados en Electrecord, el sello oficial del país





sábado, 17 de abril de 2021

Claudi Montañá, crónicas de anhelos y desazón


El pasado día uno nos quedamos conmovidos por la noticia del fallecimiento de Oriol Llopis, aún más al saber que su causa fue el suicidio en la localidad sevillana de Tocina. La noticia ha coincidido mientras estaba recopilando material para hacer una entrada dedicada a Claudi Montañá a raíz de la aparición del libro "Estoy hablando de mi generación" escrito por Josep Maria Ripoll dentro de la colección Biblioteca Secreta. Claudi también decidió poner voluntariamente fín a su vida en 1977 y entre los escritos posteriores de condolencia que aparecieron se hace ahora especialmente significativo el que Oriol Llopis le dedicó en la revista Star con el título de "Claudi y los que no nos atrevemos a hacerlo". En plena adolescencia para la gente de mi generación ambas firmas eran de las más esperadas cuando adquirías las revistas musicales de este país a mediados de los setenta a pesar de que revisadas hoy en día puedan carecer un poco de una mayor profundidad analítica en lo estrictamente musical. Siendo los dos grandes seguidores de las revistas de rock francesas como Rock&Folk o Best podíamos ver a Claudi en el sendero de gente como Alain Dister y de una manera aún más clara a Oriol con Patrick Eudeline, idealismo hippie frente al rock killer, dos mundos opuestos que sin embargo moldeaban la fragilidad de ambos.

El título de Estoy hablando de mi generación tiene su origen en un artículo publicado en 1974 por Claudi Montañá sobre The Who en Fotogramas, una de las publicaciones donde comenzó a escribir en Barcelona poco después de abandonar su Manresa natal. Casi simultaneamente su firma aparece en Vibraciones, Star, El Viejo Topo o Ajoblanco. Desde el primer momento sus artículos estuvieron marcados por entremezclar la información musical con pasajes de frecuentes interioridades existenciales, anhelos de ilusiones perdidas combinado con abismos de desazón muchas veces acudiendo a autores como André Breton, Benjamin Péret o William Burroughs, una fórmula que puede ser excitante para muchos y que incluso en los últimos años han potenciado de una manera más posmoderna críticos como Mark Fisher pero también recriminada por algunos como manifestaba una lectora de Vibraciones en la sección El correo de Claudi Montañá, una de las secciones fijas de la revista. Es en este espacio cuando realiza una autoentrevista en la que enumera sus debilidades musicales: John Cale, Klaus Schulze, Sisa, Pau Riba, Música Dispersa, Erik Satie, Tangerine Dream, Velvet Underground o Kevin Ayers, curiosamente en el mismo número que le hace una larga entrevista a este último aparece una inesperada crónica del concierto de Labelle en el Teatro Monumental de Madrid. 

Repasando varios de los artículos del libro podemos apreciar su apego a una arcadia bucólica pero también su atención a una radicalización del hippismo desencantado como en un articulo que publica con el seudónimo de Pigasus en la revista El Papus donde sugiere como música de fondo a MC5 y The Fugs, un mundo que bien se podía emparentar con espacios creativos comunitarios de la ciudad como El Maduixer donde uno de sus miembros Jordi Galí guardaba un estrecho contacto con el sello discográfico norteamericano ESP-Disk. También en esta edición recoge artículos y entrevistas del underground barcelonés como Salvador Picarol o Sisa y un recorrido desde las veladas de conciertos del Price a los primeros días de Zeleste que encaja perfectamente en la línea editorial de la colección Barcelona Secreta ideada por David Castillo y con la habitual cuidada enmaquetación de Marc Valls.

Hotel Manila, Barcelona, Verano de 1977. Claudi aparece muerto tras haber ingerido tres tubos de somníferos. Deja una nota de despedida en un libro que recoge el guion del film Stroszek de Werner Herzog, curiosamente la misma película que vió Ian Curtis de Joy Division poco antes de suicidarse. Al igual que Raymond Roussel, Walter Benjamin o Cesare Pavese elige el aislamiento y la transitoriedad de un hotel para poner fin, un lugar donde por cierto junto al Hotel Colón habían pernoctado muchas celebridades del mundo del rock en sus visitas a la ciudad y donde también se habían celebrado ruedas de prensa y entrevistas a las que el acudió como la que le concedió Kevin Ayers que luego encabezó como tantas veces por citas de sus autores favoritos en esta caso de Arthur Rimbaud. "Voilá que monte en lui le vin de la Paresse, Soupir d'harmonica qui pourrait délirer: L'enfant se sent, selon la lenteur des caresses. Soudre et mourir sans cesse un desir de pleurer".

Squatter de Canterbury Crescent, Brixton, Verano de 1983. Poco después de poner en el tocadiscos el Ege Bamyasi de Can que hemos comprado en una tienda de Record Tape&Exchange recibimos la visita de una mujer que nos pide compartir su escucha, una vez aposentada Anna Comas nos comenta afectada en el recuerdo que el disco lo solía escuchar junto a Claudi Montañá, años antes él había escrito en Vibraciones estas líneas sobre el disco: Sigues el disco y te olvidas del lenguaje falaz de las palabras. Miles de cuerpos semi-dormidos se revuelven en la oscuridad de sus féretros de blancas sábanas y mullidos colchones. el sonido del agua se introduce en "Sing Swan Song" ¿cascada? ¿Arroyo?; quizá grifo abierto, multiplicado su sonido por mil alucinaciones nocturnas...Resuena el canto del cisne -voces y lamentos perdidos en el Caos con envoltorio plateado de percusión- y crea el ritual de sacrificio. Frío. Como un vendaval aparece el tema "Spoon". Via Crucis en las calles al alba de nuestra infancia. Guitarra y órgano y un coro de beatas siguiendo la procesión. La luna abandona su garita de centinela de la noche y entrega su cuerpo pálido y frágil al astro enrojecido: el universo se tiñe de cálidos colores....

   Entrevista con Salvador Picarol. Ajoblanco 1974

  Artículo sobre Velvet Underground en la sección Mosik de la revista Star 1974

                                                                     Star, 1976


Artículos aparecidos como era habitual en las últimas páginas de Nuevo Fotogramas


Artículos aparecidos en Vibraciones con encabezamientos de Benjamin Péret y Arthur Rimbaud

     Su sección de correo habitual en la revista Vibraciones

     Oriol Llopis, despedida a Claudi Montañá tras su muerte. Star 29, 1977.

Portada del libro Claudi Montañá Estoy hablando de mi generación. Josep Maria Ripoll