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lunes, 10 de enero de 2022

Alvin Lucier, exploración y resonancias en los límites de la audición



"Estoy sentado en una habitación diferente a la que estás ahora. Estoy grabando el sonido de mi voz hablante y lo voy a reproducir en una habitación una y otra vez hasta que las frecuencias de resonancia de la habitación se refuercen de modo que se destruya cualquier apariencia de mi habla, con quizás la excepción del ritmo. Lo que escuchará entonces, son las frecuencias de la resonancia naturales de la habitación articuladas por el habla. Considero esta actividad no tanto como una demostración de un hecho físico, sino más como una forma de suavizar cualquier irregularidad que pueda tener mi habla".

El texto anterior pertenece al disco I am sitting in a room de Alvin Lucier, muchos la conocerán, pero para los que no apuntar que el texto es repetido por el propio autor sucesivamente grabado y regrabado acentuado por la resonancia de la sala hasta que al final su audición se hace mutante e ininteligible. La grabación original fue grabada en los Brandeis Electro Acoustic Studios en 1969 y en su lanzamiento en disco en 1981 alcanzaba los 45 minutos de duración habitual, posteriormente ha tenido diferentes versiones y el pasado año para celebrar el noventa cumpleaños del autor varios colegas hicieron una maratón sobre ella que alcanzó las 27 horas, un sentido homenaje que cobró un significado especial teniendo en cuenta que Alvin Lucier moriría pocos meses después.

Tengo un recuerdo muy especial de Alvin Lucier a través de un concierto que asistí de él en la serie Música en la Upper Gallery de Londres en 1983, su primera pieza Music for Pure Waves, Bass Drums and Acoustic Pendulums podía recordar su obra Music for solo performer en que sus ondas cerebrales provocaban la activación de instrumentos de percusión, recordaba más el vídeo de una de sus representaciones que la propia pieza en sí pero ahora tenía la oportunidad de verlo en directo, aunque en esta ocasión las mazas de los bombos de batería no eran accionadas por su cerebro si no por medios electrónicos; el efecto era altamente hipnótico como también lo eran las siguientes piezas: Sferics basadas en emisiones de radiofrecuencia en la ionosfera recogidas por antenas y amplificadas posteriormente para su escucha que en este caso disfrutábamos en completa oscuridad y Reflections of Sounds from the Wall en que una especie de monolito deflector equipado por una base de cuatro pies se movía lentamente en forma de zig zag por la sala rebotando las ondas de sonido que emitían un altavoz colocado en el otro extremo de la sala. Al final los asistentes nos miramos entre sí con caras de asombro casi alucinadas, entre ellos varios miembros de la escena de improvisación noise londinense poco después recalaron en la formación Morphogenesis.

Durante muchos años he pensado que este concierto era de los mejores que había  presenciado en mi vida, un entusiasmo que posteriormente ví que era superado por el escritor y periodista musical Paul Morley en su libro Words and Music en cuya primera página nos relata como I am sitting in a room es su tema favorito de todos los tiempos junto a Can't get out of my head de Kylie Minogue, dos ensoñaciones acerca el habla y el canto que sirven de matriz a un amplio recorrido de las colisiones y eslabones perdidos que han habido en la historia entre las músicas de vanguardia y el pop. A este respecto Alvin Lucier reconocía en una entrevista que le hubiera gustado más relacionarse con algunas propuestas del rock de los sesenta, algo bastante inusual en la escena academicista europea asidua a encuentros como el de Darmstadt donde él y otros compositores norteamericanos como John Cage o David Tudor asistían aportando una mayor frescura y en todo caso un mayor interés en la percepción que en la conceptualización. A todo ello habría que añadir el especial interés en la exploración de la amplificación que bien podía haber alcanzado elementos de simbiosis con el feedback instrumental del rock. En todo caso al final si que hizo alguna colaboración en este ámbito como con el grupo Yo la Tengo o "Nothing is real" una adaptación del tema Strawberry Fields Forever de The Beatles en que una taza de té reverbera unas bellísimas notas grabadas previamente al piano.


                                                     Alvin Lucier en los Brandeis Studios


El colectivo de música Sonic Arts Union con Gordon Mumma, David Behrman, Robert Ashely y Alvin Lucier.


Programa del concierto  de Alvier Lucier en la Upper Gallery de Londres, 11 Septiembre de 1983






North American Time Capsule 1967, uno de los primeros trabajos de voz alterada por un vocoder

miércoles, 15 de agosto de 2018

Comprando el New Musical Express


 Mis dos primeros ejemplares del New Musical Express, Octubre 1977

Hace pocos meses que el semanario New Musical Express ha dejado de editarse en papel después de una larga trayectoria que se remonta a su creación en 1952. Desde entonces siempre tuvo una feroz competencia con el Melody Maker hasta que en la mitad de los setenta se tuvo el acierto de incluir nuevos periodistas de la prensa underground como Nick Kent, Charles Shaar Murray o Mick Farren, ellos eran excelentes oteadores del tránsito del glam al punk o de las mutaciones del rock progresivo, aunqué quizá el momento más álgido coincidiría con el post punk de los últimos setenta con firmas como Paul Morley o Ian Penman, cuyas crónicas podían derivar hacia otras comparativas artísiticas rozando en algunas ocasiones el ensayo literario. La experimentación electrónica estaba cubierta por Andy Gill o Chris Bohn, este último tuvo además un inusitado interés en aquellos tiempos en explorar toda la música que se estaba generando en la Europa continental incluyendo los países del este. Todo ello hace del periódico un testigo de una altísimo voltaje musical lleno de riesgo (Mark Stewart de Pop Group protagoniza una portada entera sin haber todavía haber registrado ningún disco) y modernidad, a lo que no es ajeno los diseños de Berney Bubbles, con un punto focal en la llegada inminente de 1980, principio de una nueva década que paradojicamenre relegaría a muchos de sus colaboradores a otras publicaciones.

Al revisar mi primer ejemplar del New Musical Express me lo encuentro hecho trizas pues recorté un montón de fotos para forrar mi carpeta del instituto. Lo compré en octubre de 1977 en la Librería Francesa de Barcelona, el precio 60 pesetas, con el solía bajar por el Paseo de Gracia y bien podía ojearlo en la librería Kansas, en el drugstore o el alguna sesión del cine Publi, todos estos lugares han desaparecido. Más tarde lo comrpraba en el primer kiosco de las Ramblas y por último ocasionalmente en la tienda de Star Records en la calle Pau Claris.















Dos extras inolvidables del NME: The Book of the Modern Music y la casette C 81 que incluía su tema Kebab Traume grabado en directo en el Electric Ballroom, 1980; como singularidad la guitarra apabullante de Wolfgang Spelmanns.