domingo, 16 de agosto de 2026
Musicastros zoomórficos en la España Negra de José Gutiérrez Solana
miércoles, 17 de julio de 2024
Fernando Pessoa, los monótonos sonidos del desasosiego
Un hálito de música o de sueño, algo que haga casi sentir, algo que haga no pensar.
El silencio que emana del sonido de la lluvia se extiende, es un crescendo de monotonía cenicienta, por la calle estrecha que observo.
Me creé eco y abismo, pensando. Me multipliqué profundizándome. El mínimo episodio -una alteración saliendo de la luz, la caída enrollada de una hoja seca, el pétalo que amarillo se desprende, la voz del otro lado del muro con los pasos del dueño de la voz junto a los que de quien debe escucharla, el portal entreabierto de la finca vieja,el patio dando acceso con un arco a las casas aglomeradas a la luz de la luna- todas estas cosas, que no me pertenecen, me aseguran la meditación sensible con lazos de resonancia y de saudade.
(Storm)
Sobra silencio oscuro lividamente. A su manera, cerca, entre el errar extraño y rápido de los carros, un camión truena-eco ridículo, mecánico, de lo que es realidad en la distancia próxima al cielo.
De nuevo, sin previo aviso, chorrea luz magnética, pestañeando. Golpea el corazón un breve trago. Se quiebra una redoma en las alturas, en grandes astillazos de cúpula. Un lienzo nuevo de mala lluvia agrede el ruido del suelo.
El sueño es el análisis lento de las sensaciones, ya sea usado como una ciencia atómica del alma, ya sea dormido como una música de la voluntad, anagrama lento de la monotonía.
Ese lugar activo de sensaciones, mi alma, pasea a veces conmigo conscientemente por las calles nocturnas de la ciudad, en las horas tediosas en que me siento un sueño entre sueños de otra especie, a la luz del gas, entre el ruido transitorio de los vehículos.
Fragmentos verbales de envidia, de lujuria, de trivialidad van a chocar contra mi sentido del oído. Susurrados murmullos ondulan hasta mi conciencia.
Cuando vine por primera vez a Lisboa, había en el piso de arriba del nuestro una música de piano tocada con escalas, aprendizaje monótono de una niña a la que nunca llegué a ver. Hoy descubro, por vías de infiltración que desconozco, que tengo todavía en las bodegas del alma. audibles si allá abajo alguien abre la puerta, las escalas repetidas al teclado de la niña, hoy señora diferente o muerta y encerrada en un lugar blanco donde verdean los cipreses.
Primero es un ruido que reproduce otro ruido, en la concavidad nocturna de las cosas. Después es un aullido vago, acompañado de un oscilar arrastrado de los letreros de la calle. Más tarde se hace de pronto un alto rugiente del espacio, y todo se estremece, y no oscila, y hay silencio en el miedo de todo esto como un miedo sordo que ve otro miedo ya pasado.
Cantaba con una voz muy suave, una canción de un país remoto. La música tornaba familiares las palabras desconocidas. Parecía un fado para el alma, pero no tenía con él el menor parecido.
La canción decía, por las palabras veladas y la melodía humana, cosas que están en el alma de todos y que nadie conoce. Él cantaba con una especie de soñolencia, ignorando con la mirada a los oyentes, en un pequeño éxtasis callejero.
Lisboa por Eli Latar
Hasta aquí una selección de extractos del Libro del Desasosiego de Fernando Pessoa, en que el sonido, el silencio, lo audible casi imperceptible y la música casi somnolienta, se impregnan en el mundo de Pessoa a través de un ambiente de tedio e indiferencia bajo un continuo desiderátum de aislamiento. Para narrarlo utiliza como es frecuente en su obra un heterónimo en este caso Bernardo Soares a quien conoce en un pequeño restaurante y comparten su interés en la revista Orpheu, que contaba de hecho con Pessoa como colaborador.
Para finalizar una ilustración musical en la plataforma en red de Disquiet, que recientemente ha recopilado unos temas de sonidos de Lisboa, LX(RMX) reconstruídos e inspirados en otro de los heterónimos de Pessoa como es Alvaro de Campos y que cuenta con otros de Steve Roden, Pedro Tudela o Robin Rimbaud. Años atrás el manipulador y ensayista sonoro Brandon LaBelle también hizo un trabajo en cassette basado en el Libro del Desasosiego.
viernes, 5 de enero de 2024
Songs for the Witch Woman y las percepciones auditivas de Marjorie Cameron y Jack Parsons
Nos sumergimos en la lascivia sinuosa de Songs for the Witch Woman, un libro ardiente que muestra la intensa relación del ingeniero aeroespacial y ocultista Jack Parsons y la pintora Marjorie Cameron, ambos poseedores de un carisma magnético. Un amor que trasciende entre las fuerzas ciegas del abismo desde que se conocieron en Pasadena en 1945. La aparición de ella fue interpretada por Parsons como el resultado de un conjuro dentro de la cosmología del ocultismo thelemita de Crowley desinhibido y purificador y tras su escepticismo inicial poco a poco participó de estas prácticas como también en todas las pruebas con cohetes de manera muy especial en el desierto de Mojave. Uno de estos ensayos, esta vez en casa del propio Parsons acabaría en una explosión que acabó con su vida. Sus contactos con el recien creado estado de Israel hizo siempre sospechar en ella la mano de algún agente antisionista. Como curiosidad decir que la pintora y cineasta Renate Druks muy cercana a su círculo cita en el libro Sexo y cohetes de John Carter que también exploraron unas posibilidades de empleo que les habían surgido en España.
Tras la desaparición de él Marjorie Cameron quemó gran parte de toda su obra pictórica y entró en una espiral que unos calificarían de delirios y otras de revelaciones que en bastantes ocasiones tienen que ver con percepciones auditivas como la que narraba con estas palabras:
Desde hace algunos meses he sido consciente de la realzada intensidad de lo que llamo canal de escucha. Lo puedo describir como el sonido de una emisión de onda corta que uno capta. Es independiente de mi oído normal; si cierro mis ojos no resulta afectado de ningún modo. Hay momentos en que es tan intenso que puedo afinarlo, girando mi cuerpo, parece que su potencial se refuerza con la presencia de otros humanos... Siento que hay alguien en el otro extremo, o digamos que siento que el chorro trasciende el tiempo y el espacio y que estoy oyendo el sonido de mi emisor reflejado en lugares increíbles.
Anteriormente Jack Parsons también tentaba a la posibilidad de percibir señales auditivas activando un magnetófono mientras sonaba de fondo el Violin Concerto 2 de Sergei Prokofiev, obra estrenada en Madrid en 1935. Mientras él disfrutaba de la música orquestal especialmente de compositores rusos Marjorie Cameron era una gran asidua a los locales de clientela bohemia como los que a buen seguro acudió en una visita a París con Juliette Gréco y con gran protagonismo del jazz como casi puede recrear una de las primeras escenas del film Night Tide rodadas en un club de Venice dirigido por Curtis Harrington cuyos asistentes bien podían ser los lectores de la revista Semina dirigida por Wallace Berman en que ella aparece en portada. Ya antes en 1955 la había dirigido en el corto The Wormwood Star que contiene una destacada banda sonora de la también pintora Leona Wood y justo un año antes la encontramos ritualizando como La Mujer Escarlata en The Invocation of My Demon Brother de Kenneth Anger con quien se relacionaría asiduamente en los años sesenta. En su retiro final californiano alternaba sus prácticas chamánicas con el arpa celta y visitas de gente más joven de exploración neognóstica o arte y música con tintes esotéricos como Genesis P-Orridge.
La estela de Marjorie Cameron ha brillado estos últimos años a través de exposiciones y libros como también ha ocurrido con Jack Parsons. Songs for the Witch Woman fue editado en 2014 tras mas de sesenta años de ser concebido por la destacada editorial Fulgur, en una tirada limitada, lamentablemente en la actualidad está agotado.
jueves, 19 de octubre de 2023
Philip Lamantia. Las máquinas solares registran los cultos sonidos de los poetas
De singular relevancia se puede considerar la aparición hace unos meses de una selección de poemas en dos volúmenes del poeta norteamericano Philip Lamantia a cargo de Varasek Ediciones. Salvo en la Antología de la Beat Generation que apareció en España en 1970 no había ninguna traducción de su obra que para esta ocasión ha contado con Vicenç Quera, responsable también de su selección, quien presentó el libro en la madrileña librería Enclave junto a dos miembros del Grupo Surrealista de Madrid. Esta última presencia da idea que la fragancia literaria de su autor está en gran sintonía con esa corriente artística que desde muy joven rastreaba en publicaciones como la revista View. Este mundo onírico vino precedido por lo que el llamaba "fantasías del misterio", algo que le transmitían medios como las películas o la radio sobre lo que posteriormente escribió en su ensayo Radio Voices: A Child's Bed of Sirens.
La música sería otra de sus grandes pasiones desde que Paul Bowles le introdujera al jazz moderno y el bebop coincidiendo con toda la comunidad beatnik que como en el caso de Jack Kerouac consideraba a este "el sonido de la noche"o en el caso de William Burroughs "pura cocaína metálica". Jazz, misticismo y marihuana era un camino hacia el éxtasis asentados en lugares con un halo de tinieblas y marginalidad, como se puede apreciar en su poema Luz Hipodérmica:
Como ocurrió a otros representantes de la generación beat, la zona internacional de Tánger sería un punto de deriva y encuentro que se simultaneaba con viajes a Europa, en especial París, donde Lawrence Ferlinghetti le ofrece la posibilidad de publicar en City Lights, algo que se concretaría en su posterior residencia en España hacia mitad de los sesenta en la localidad de Nerja tras una estancia más breve en Segovia. Mis ancestros en ese lugar me animan a plasmar uno de sus versos escritos allí:
Por último, me gustaría destacar que en su regreso a San Francisco en los años 70 el se interesó por toda la vigorosa vorágine punk del lugar, en gran medida guiado por V. Vale editor por entonces de Search&Destroy y posteriormente RE/Search quien trabajaba en la tienda y editorial City Lights junto a Nancy Joyce Peters esposa del escritor. Allí también podía encontrarse en sitios como el club Mabuhay Gardens a un antiguo colaborador como Bruce Conner filmando o fotografiando ese ambiente en cierta manera transmutado en su marginalidad en el tiempo a la de lugares como el night club Black Hawk, lugar de encuentro para todos los incondicionales del jazz más serpenteante de los años cincuenta.
Ejemplares de las revistas View y VVV con contenidos surrealistas

lunes, 28 de febrero de 2022
Barcelona Freak Show . El sonido espeluznante de la excentricidad
La reciente aparición del libro Barcelona Freak Show de Enric H. March constituye uno de los trabajos más exhaustivos de la historia de Barcelona, centrada en este caso en las barracas de feria y espectáculos ambulantes desde el siglo XVIII hasta 1939. A través de sus seiscientas páginas un recorrido por los márgenes del mundo circense, exóticas colecciones zoológicas, exhibiciones de deformaciones físicas, genéticas, enanos y gigantes, faquirismo o diversas manifestaciones de la medicina como espectáculo; muestras que como indica el autor hoy no estarían permitidas y rarezas que hoy ya no lo son. Una conjunción de lo miserable con lo excéntrico que se alternaban en espacios más distendidos, lugares como La Rambla, Ciutat Vella, Paral-lel, Tibidabo o el desaparecido Saturno Park nuestro Coney Island local cuyas fotos que se conservan muestran un fascinante mundo al que ya acudí en la entrada dedicada al libro Ferias y Atracciones de Juan Eduardo Cirlot, uno de los antecedentes de este libro como también lo podría ser libros y artículos de Xavier Theros, Sebastià Gasch o Lluís Permanyer.
Es muy interesante la aparición en estas barracas de inventos como los rayos X, el cinematógrafo o los neoramas y cosmoramas, pero quizá lo que más me ha atrapado son las crónicas en que relatan el estruendoso ruido de la algarabía de gente mezclado con el de los diferentes artilugios como los órganos mecánicos que acompañaban las entradas flanqueadas por figuras de tamaño natural o máquinas de vapor que accionan las figuras de cera. A este respecto y situándonos en ferias de años posteriores personalmente nunca he olvidado de mi infancia la atracción que me provocaba una carpa circular grandiosa de donde emergía un ensordecedor ruido de un motorista girando constantemente haciendo acrobacias, el verlo ya en el interior producía una sensación absolutamente hipnótica cuyo sonido aún te reververaba después al visitar el tren de la bruja o los autos de choque ambientados con éxitos de la época. De estas crónicas que recoge el libro destacaría esta del crítico literario Josep Yxart en La Ilustración Artística muy en la línea de Ernesto Giménez Caballero tanto en sus escritos como en su película Esencia de Verbena y también de los cuadros de Maruja Mallo:
Harto saben los desdichados vecinos de estos teatrillos populares, que nada iguala en cacofonía a sus estruendososas orquestas; harto conocen los transeúntes, que nada es comparable al abigarrado colorido de aquellas fachadas y a la vertiginosa animación de los alrededores. Precede, por lo general, al barracón propiamente dicho, un vestíbulo lujoso y de pintarrajeadas tablas, que tendrá las dimensiones de un cajón volcado. Corónale una batería de luces de gas; le adornas por fuera y por dentro grandes anuncios con letras de colores y contiene infaliblemente un piano u organillo de manubrio, un par de figurones que a lo mejor llevan en las manos un cartel de precios en cifras colosales y una mesita con tapete, que sostiene el cepillo de las entradas, entre dos puertas en el foro que cubren holgadas cortinas de terciopelo...pelado.
Cuando suena la hora de la función o llega la de mayor concurrencia o en las tardes de domingo se requiere a todo trance llamar la atención del respetable; todo aquel abigarrado conjunto se estremece sacudido por violentas convulsiones y rompe la singular orquesta en estruendosa cencerrada. Como si todo fuera movido por oculta y poderosa máquina - qué a la vez se descompusiera estrepitosamente con espeluznantes chirridos o derrumbándose con rotura de cristales sobre montón de hierro viejo-, se ponen a brincar de golpe los figurones con los brazos colgando, el mono que se rasca y la cotorra que aletea y a veces el cobrador en la taquilla, al tiempo que el manubrio da vueltas arrancando a las teclas sus discordancias y retumba el bombo y voltea la campana y vibran los platillos. Todo baila, todo se mueve como todo ensordece con sonidos de aquelarre...Y este movimiento que es música a la vez, se propaga por contagio de uno en otro barracón.
Este tipo de barracones tuvo también una considerable exhibición de ballenas como una datada en 1832 cerca de la calle Nou de Sant Francesc donde se mostraba una de más de treinta metros de longitud acompañada con trescientos animales disecados. Presentada con valor científico, esta no escapaba a su uso como espectáculo haciéndola todavía más atractiva con visitas nocturnas de luz de gas y música en directo con un grupo de músicos ciegos dentro del vientre de la ballena. La destreza musical de personas con minusvalías o singularidades y alteraciones físicas les hizo posible sobrevivir de alguna manera es el caso de mujeres barbudas tocando el órgano como Bárbara Urselin (segunda ilustración de la entrada), orquestas de liliputienses como la Singer que llegaron a tocar en el Teatro Circo Olympia de la Ronda de Sant Pau o hermanas siamesas tan afamadas como Daisy y Violet Hilton a quienes se les puede ver en la película Freaks de Tod Browning, reflejo absoluto de todos estos elencos feriantes.
Portada del libro en la que se vé al faquir Sunahya llegando a la Estación de Francia facturado en el equipaje












































